Autor: Kyra Vangler
Genero: Accion, Fantasia, Romance, Artes Marciales, Maduro
Sinopsis: Por más de un milenio
el clan conocido como Ryūjin o los Dragones divinos, y el Hi no ōkami, clan de los lobos
del fuego; se habían enfrentado ferozmente en batalla. En la actualidad ambos
clanes contaban con serios conflictos internos, causados tras milenios de
guerra y esta tregua era el mejor modo de resolverlos, antes de llegar a una
destrucción total.
Aprovechando la creciente debilidad del
Ryūjin, el Clan Nagamushi iniciósu ataque desde las sombras.
Capitulo 1
Rubius despertó
sobresaltado, nuevamente había soñado con aquella triste voz.
Frotándose los ojos se
incorporo y busco con la mirada en los alrededores, tenía la vaga esperanza de
que ella pudiese estar allí, pero en su interior sabía que no había sido más
que otro sueño sin sentido.
Era realmente
frustrante oír aquella dulce voz, pero jamás poder entender lo que decía.
Soltando un suspiro se
preparo para continuar el viaje, aun quedaba más de medio día antes de llegar
al centro de los dominios del rey Ryo
El sol se hallaba en
su punto álgido, cuando a lo lejos divisó el enorme palacio al que llamaban Ryūgu-jō.
Parado allí, en medio
del ancho camino de robusta piedra caliza, levanto una ceja asombrado. Según
había oído el Ryūgu-jō original se hallaba en una isla del mar norte y había sido
destruido durante la batalla de la media noche. Tras ganar la batalla Ryo
ordeno se reconstruyera su palacio, en lo que fuesen una vez las tierras de su
hermano muerto y cedió los dominios marítimos a su hermano menor Panlong.
La reconstrucción
había sido hecha a semejanza del antiguo Ryūgu-jō, pero este
en lugar de hallarse en medio del mar, se hallaba rodeado por un lago de
aguas claras y se erigía con majestuosidad sobre la tierra y no sobre una isla.
Este palacio era tres
veces más grande que el original; construido en blanca piedra, en lugar de
coral y decorado por finas guardas de joyas y metales preciosos, en todos sus
tonos, los cuales oscilaban desde un claro dorado hasta un oscuro ámbar.
Tanto al inicio, como
al fin del puente colgante, había dos grupos de soldados elficos, enfundados en
relucientes cotas de anillas.
Los rostros se veían
in expresos, del lado derecho empuñaban lanzas de filosas cuchillas y sobre el
lado izquierdo escudos con el heráldico emblema del clan.
Al intentar acercarse
lo observaron con indiferencia y sin decir palabra cruzaron en una perfecta
coordinación las lanzas, impidiéndole el paso.
- Buenos días, he
venido a…-
- ¡Nadie puede
pasar!- Se limito a gritar, el soldado.
- He sido enviado por
los antiguos...- intento explicar.
Ambos lo vieron con
desconcierto, el hombre no vestía de forma adecuada para llamarse enviado de
los antiguos. Sus ropas eran una simple y desgastada casaca oscura sujeta a la
cintura por un listón de cuero blando y por debajo un pantalón de lanilla
negro.
Uno de ellos soltó una
carcajada burlona -Nadie puede pasar, ni siquiera tú-
–Si tan solo me
permitiesen….-
-Vete – lo
interrumpió.
Rubius llevo la mano
al pecho, en ese momento los soldados apretaron las lanzas, listos para atacar.
Al instante se
disculpó - No tengo intención de luchar, si solo se me permitiera enseñarles el
objeto que confirma mis dichos, verán que realmente he sido enviado por los
antiguos.-
Con desconfianza uno
de los soldados asintió, sin descuidar la guardia.
Lentamente introdujo
la mano bajo su desgastada casaca y enseño un medallón grueso que llevaba
grabada la insignia del concejo de ancianos.
De inmediato ambos
soldados se arrodillaron y aquel que le había hablado burlonamente suplico -
Tomad mi vida por mi osadía, Gran señor, pero no culpéis de mis pecados a mi
amo-
Rubius meneo la cabeza
–Levantaos, pues solo soy un enviado y no un antiguo, no es necesario...-
El elfo pareció
ignorarlo y volvió a suplicar -Os lo ruego Gran señor tomad mi vida si eso os
aplaca, pero no os enfadéis con mi rey, solo cumplía las ordenes que se me han
dado, nadie debe pasar el día de hoy-
Sin querer continuar
con ese absurdo, pasó junto a ellos en dirección al palacio.
Los soldados que se
hallaban al otro lado del puente, con solo ver el medallón que ahora había
dejado a la vista, inclinaron la cabeza con respeto y dieron la orden para que
se levantase el rastrillo
El anciano rey, tenía
enrojecidas las mejillas por el disgusto y los violáceos ojos destellaban
furibundos - ¡¿Acaso has perdido el juicio?!-
- ¡Debe comprender que
es por el bien del clan!- Objetó Tatsuo
en tono serio.
- ¡¿Por el bien del
Clan?! ¡Patrañas!- bufó caminando de un
lado a otro y los pasos resonaron en todo el salón.
Tatsuo era el mayor de
los hijos y por tanto llevaba el cargo de mano derecha del rey dragón.
-¡Debemos firmar el
acuerdo de matrimonio o la guerra nos consumirá!
Con el número actual
de tropas, dos guerras son imposibles de afrontar.
A gran pesar debo
decirle que el dragón rojo fue herido de gravedad en campo verde, mucho me temo
que el jinete morirá pronto y junto con el su montura. Lo que nos deja solo con
tres bestias celestiales-
Ignorando el informe
de su hijo exclamo - ¡¿Pero quién se ha creído que es para pedir a mi hija en
matrimonio?!- fuera de sí lanzó la copa
que estaba en su mano estrellándola contra el muro y la trenzada cabellera
blanca se sacudió al compás de sus movimientos - ¡Tu mi hijo más querido! ¿Cómo
has sido capaz de acceder a su petición?- Dejándose caer sobre un sillón se
froto las sienes, desesperanzado - No, no puedo permitirlo-
-Sus términos fueron
claros, en primera instancia debíamos rendir nuestro dominio sobre la montaña
Iral y abrir el bloqueo del mar este, solo así detendría el asedio de campo
verde.- Explico con la mirada fija en el
suelo, evitando que su padre pudiese notar la ira que aquella conversación le
provocaba.
Tatsuo odiaba tener
que doblegarse ante el poder de ese anciano decrépito. La sumisión no era lo
suyo y mientras su padre fuese la cabeza del clan, él viviría bajo su sombra.
Meneando la cabeza con
resignación, el anciano continuo lamentándose -¿Por qué ella? ¿No pudiste haber
ofrecido a otra?
Dile que le enviare a
cualquiera de ellas, todas son hembras fértiles y hermosas, doblega la oferta
de tierras y joyas. No importa la cantidad, si a cambio accede a liberarla del
compromiso- soltando un suspiro de
tristeza confeso - Preferiría perder la vida que a mi pequeña Kyra-
Tatsuo apretó el puño
con ira, el favoritismo del anciano hacia su hija menor era excesivo. Entre
dientes mascullo una negativa - Zeroz no es estúpido, sabe muy bien que solo la
sangre pura puede engendrar dragones-
El anciano se froto
las blancas cejas con frustración y descendió lentamente hasta acariciar la
platinada barba. Ya resignado preguntó - ¿Se lo has dicho?-
- Preferí comunicárselo
a usted primero - señalo esbozando una
maliciosa sonrisa.
- ¡No quiero que lo
sepa! Después de todo, aún queda tiempo y muchas cosas pueden suceder antes de
que él la reclame.-
- ¡Ella debe hacerse a
la idea!- protesto Tatsuo, elevando
bruscamente el rostro.
- ¡Ni una palabra! ¿Me
oíste? ¡No le dirás absolutamente nada!-
finalizó en tono tajante.
En ese momento, un
guardia toco a la puerta.
- ¡Pase!- ordenó el rey en un grito.
El soldado entro
lentamente y con la vista fija en el suelo se arrodillo - Disculpe su majestad,
pero me han enviado a buscarle-
Con cólera, Tatsuo
exclamó - ¡¿Acaso no escuchaste cuando he dicho que nadie podría
interrumpirnos?!-
- ¿Hay algo más que
deba saber? - pregunto tajante el
anciano.
- No, pero aún quedan
algunos temas que me gustaría hablar…-
- Será en otro
momento, por ahora esta conversación se da por terminada- en torno al guardia preguntó - ¿Cual es el
motivo de la interrupción? -
- Majestad, hay un
hombre que ha venido a verle, dice haber sido enviado por los antiguos y tiene
en su poder la insignia sagrada-
enfatizó
- ¿Y quién es el
visitante? - pregunto des airosamente
- Aunque se cuestiono
su nombre y rango, solo dijo que hablaría con usted.
Por lo que no puedo
más que describirlo, es un hombre de gran estatura, su cabello y ojos son
oscuros, no parece ser un guerrero, ya que no porta otra insignia más que la de
los antiguos, viste de forma sencilla y lleva un extraño báculo de cornamenta
alzada con una gran esfera blanca en su centro.
Lo más probable es que
sea un hechicero, pero no puedo asegurarlo -
explicó.
- ¡¿Y no has obtenido
su nombre o su procedencia?! ¡¿Acaso no he dicho que nadie puede entrar al
palacio?!- protestó Tatsuo - ¿Cómo se te
ocurre interrumpir una reunión importante, tan solo por qué un hechicero se ha
presentado preguntando por mi padre? ¿Al menos has verificado si el emblema es
real? -
El guardia elevó
levemente la cabeza y vio aterrorizado al general, lentamente negó con la
cabeza - Lo siento mi señor…-
- ¡Eres un inútil!- bramó
El rey se mantuvo en
silencio, de pronto y sin decir palabra se puso de pie saliendo del salón.
- ¿Padre a donde va? -
- A recibir a nuestro
visitante-
- ¡Podría ser un espía
o un farsante! Dejadme verificarlo primero-
ofreció.
- De ninguna manera,
tu le atacarías sin siquiera preguntar y no puedo darme el lujo de que nos
crees mas enemigos de los que poseemos.
Además, no creo que
alguien sea capaz de usar falsamente el emblema de los antiguos-
- Podría querer
asesinarlo, debemos tener mucho cuidado-
alego Tatsuo.
El anciano rió
enfáticamente - Nadie sería tan estúpido de presentarse tan abiertamente para
luego atacarme frente a toda la guardia real -
Rubius esperaba en un
enorme salón de exquisita decoración, en las paredes colgaban en interminables
hileras los escudos de los antiguos dragones y en medio había hermosos
tapizados con dibujos que contaban grandes batallas.
Casi al final del
salón se podía ver un hermoso trono bañado en oro, el estandarte del Dragón
dorado colgaba sobre él. Junto al trono principal y en desnivel, un segundo
trono de delicada confección denotaba pertenecer a la reina.
Tras él oyó el sonido
de pasos acercarse y seguido de ello las enormes puertas se abrieron.
Rubius observo
cuidadosamente al anciano, pese a su edad su porte era erguido de hombros
anchos y brazos fuertes, llevaba el cabello trenzado y adornado con anillos
dorados a lo largo de la trenza, el rostro de duras facciones era ligeramente
ovalado y terminaba poblado por abundante barba blanca.
Aunque en ese momento
el anciano vestía una simple y larga túnica con la insignia de los dragones en
el pecho, Rubius casi pudo imaginarlo vestido con su lustrosa armadura dorada.
Tras tomar asiento en
su trono el rey observo con delicado escrutinio, al joven que se ubicaba frente
a él.
Inicialmente Ryo se
sintió sorprendido ante la actitud de igual con la que su visitante se
comportaba, ya que no se había inclinado en su presencia, ni mucho menos le
reverenció al pasar junto a él y más se extrañó al ver que este se quedo
viéndolo fijamente a los ojos.
- Según veo eres una de dos opciones, muy
confiando o muy estúpido, como para irrumpir de este modo y sin previo aviso en
mi casa.-
Rubius levantó una
ceja - No comprendo a lo que se refiere, habla como si hubiese ingresado por la
fuerza…- Perfectamente sabía a lo que el
rey se refería, pero él no estaba acostumbrado a doblegarse ante nadie, ni
siquiera frente al cabecilla de un clan.
- Es obvio que no
respetas mi superioridad ante tu persona-
opinó casi riendo por lo absurdo que le resultaba el hecho.
Rubius esbozo una
sonrisa - ¿Superioridad? A mi parecer usted no se ve diferente de lo que yo
soy-
Casi con enfado Ryo
señalo - Hay un abismo de parecido entre
tú y yo ¿O a caso te consideras a mi altura por haber sido enviado por los
antiguos? -
- No y sin ánimos de
ofender, no creo estar a su altura. Sino más allá- respondió casi en tono burlón.
El rey lo observó con
mirada furibunda, por un prolongado instante, luego rompió el silencio con una
sonora carcajada - ¡Me agradas, se ve que tienes agallas!- y retornando a su seria expresión agregó -
Pero si vuelves a decir cosa semejante, juro que enviaré tu cabeza a los
ancianos que te enviaron - Poniéndose de
pie señaló - Tu nombre es Rubius ¿Verdad? -
- Así es, yo
he...- comenzó a decir él.
- Ahórrate los
discursos y palabras empalagosas, se quién eres y porque estás aquí, de hecho
yo sé mucho más acerca de ti, que tú mismo -
lo interrumpió –Llevo tiempo esperando tu visita, supongo que
pretenderás quedarte en este lugar por un tiempo-
Rubius asintió
silenciosamente.
- Bien, serás cobijado
en mi palacio, pero solo condición mediante-
- Me parece bien
pero…-
Ryo le clavo la mirada
e interrumpiéndolo señalo con aire sarcástico –En mi opinión, hablas demasiado.
Ahora guarda silencio y escucha bien pues no lo repetiré.
El que los antiguos te
hayan permitido vagar a tu antojo bajo su protección no indica que tú seas
bienvenido.
Las criaturas de tu
tipo jamás me han agradado, pero sin otra opción te recibiré, dado que no estoy
en posición de enfrentarme a quienes te enviaron. Pero aun así, existen
condiciones que deberás respetar si quieres permanecer bajo mi techo, la
primera y principal es jamás acercarte a ninguna de mis hijas, el resto de las
mujeres de mi reino te están permitidas, pero ninguna perteneciente a la casta
real.
Segundo, por ninguna
razón te está permitido utilizar tus dones, magia o como les quieras llamar en
el interior de mi palacio...-
- Por ello no debe de
preocuparse…- comenzó a decir.
- No me preocupo quien
deberá hacerlo serás tú, si rompes alguna de mis reglas- advirtió en tono serio, luego se serenó - Por
la tarde te espero en el patio de armas.
He oído que eres bueno
en combate y me gustaría juzgarlo con mis propios ojos -
- No pertenezco a una
casta guerrera y no me agrada la violencia -
señaló en tono tajante Rubius.
- ¡Ni a mí los
cobardes!- refutó el rey desafiándolo.
- ¡No lo soy!- aseguró
- Deberás demostrarlo
- lo instó y se puso de pie.
- Acataré sus reglas,
tan solo porque la costumbre de los dragones es demostrar su valor en combate.
Pero...-
Pasando a un lado el
rey advirtió - Espero que tu habilidad sea comparable con tu osadía, o estarás
muerto para el final del día.- y se
marcho
Minutos más tarde un
sirviente se presento y guió a Rubius a sus aposentos.
Él había imaginado a
Ryo como alguien más imponente y menos amable, ya que del modo osado con el que
se había dirigido hacia él, le hubiese costado la cabeza en otros clanes.
Pero Ryo si bien se
había mostrado enfadado, no había perdido la objetividad y sin embargo había
estado midiendo a su enemigo en todo momento, comportándose como un verdadero
guerrero.
Aquello le recordó las
palabras con las que el rey Kanmuri había descrito la adusta personalidad de
Ryo, citando que su frase favorita era “Conoce
a tu enemigo, acéchalo, encuentra sus debilidades y úsalas en su contra, solo
así lo vencerás”
Lo que lo había
llevado a creer que Ryo era un ser muy similar a su acérrimo enemigo, el Rey
Zeros.
Por largo tiempo dejo
divagar su mente tratando de hallar sentido a las palabras del rey –“Se más de ti que tú mismo”- repitiendo la frase se preguntó, ¿Cuánto más
que él creía saber?
Mientras aflojaba el
cuello de la casaca, evocó aquella noche, cuando divagando por el bosque encantado
descubrió la formación más impresionante de todos los tiempos.
Las siete lunas se
habían alineado y al final de esa línea, un pequeño punto resplandecía como el
sol.
En ese preciso
instante fue la primera vez que oyó la voz que atormentaba sus sueños y junto
con su sonido el resplandor creció hasta absorberlo, al despertar se encontró
en un lugar completamente desconocido.
Por mucho tiempo
divagó sin rumbo, los paisajes de aquel mundo no se parecían en nada a los que
había visto en su lugar de nacimiento,
Una tarde mientras
caminaba por el bosque, hallo un claro donde no parecía haber nada, pero al
elevar la vista se encontró con una gigantesca montaña flotante.
Al escalarla descubrió
que en la sima se hallaba la torre de cristal, en la que habitaban unos seres
que se llamaban a sí mismos “los
antiguos”.
Ellos no eran dioses, humanos o demonios, sino criaturas que estaba más allá de
la vida y la muerte. Eran almas tan antiguas que ya no precisaban de un cuerpo
para movilizarse pues estaban en contacto con todo tiempo y lugar.
Tras reconocerle, los
antiguos explicaron que llevaban años esperando su llegada, pues esta se
hallaba profetizada en el libro sagrado.
Por años Rubius
entreno en la montaña y junto a ellos intentó descifrar el oráculo que profetizaba
su llegada, sin conseguirlo.
Finalmente y buscando
saciar su curiosidad, lo enviaron a recorrer las siete casas divinas, ya que
tal vez así hallaría a quien pudiera responder a sus preguntas.
Ya habían transcurrido
más tiempo del que podía recordar y con el paso del tiempo, Rubius fue
descubriendo la magnitud y originalidad única de su persona, descubriéndose a
cada instante más fuerte y poderoso que cualquier otro ser que hubiese
existido.
En cada clan que
visito, se encontró con una buena recepción y al final de sus visitas no hubo
un solo cabecilla que no le hubiese ofrecido unirse.
Pero él se negó, dado
que su único interés era hallar su verdadero origen.
Durante la estadía en
cada casa, había adquirido un conocimiento especial, sabiduría, lógica,
estrategia, conocimiento de combate y tantas otras cosas más.
Aunque muy a pesar de
su enorme poder y gran habilidad, Rubius era un amante de la paz y no le
agradaba tomar parte en antiguos conflictos
Ya que había
comprobado, del peor modo, a lo que llevaban esas guerras milenarias y ya sin
sentido, que aun se libraban por aquellas tierras.
Ahora que su viaje
llegaba casi al fin, se preguntaba si el clan Ryūjin sería el lugar para su
reposo, o si allí hallaría las respuestas que le aquejaban.
Los jardines colgantes
comenzaban a florecer y las coloridas y aromáticas rosas se veían más bellas
que nunca.
La princesa Kyra se
hallaba en un patio interno, acompañada de su hermana Tanith.
Sentada en el borde de
la fuente, jugueteaba con sus finos y largos dedos en el agua - ¿Es cierto lo
que he oído? -
- Así es, me han dicho
que hoy llego un visitante a palacio, dicen que fue enviado por los
antiguos- señalo Tanith mientras
empujaba un rebelde rizo rosado, que la suave brisa había hecho caer sobre los grises
ojos.
- ¿Y quién es?-
pregunto intentando ocultar entusiasmo, ante la confirmación.
- ¿Cómo puedo saberlo?
Bien sabes que no se nos permite salir de las zonas designadas - señaló la
joven con indiferencia.
- ¿Sabes a que ha
venido? - insistió.
- Kyra ya te he dicho
que no lo sé - protesto - ¿Por qué no le preguntas a Delfos? Tal vez el pueda
informarte –
Tanith era la quinta
hija del rey y pese a ser hija de una concubina, era la única que llamaba a la
princesa por su nombre.
Las dos jóvenes se habían
criado juntas y eran muy buenas amigas.
Viéndola con expresión
pícara preguntó - ¿Por qué te interesa tanto este visitante? -
- No sé a lo que te
refieres - protesto y las mejillas se ruborizaron.
- Tu jamás sueles
interesarte por quien va o viene por palacio - señaló su hermana.
- Eso es porque jamás
viene alguien de importancia. Pero un enviado de los antiguos, merece mi
curiosidad -
- mmm…A mi me parece
que hay algo más en ello - rió con picardía.
Esbozando una media
sonrisa la princesa confesó - De acuerdo, hay algo más -
- ¡Lo sabía! - exclamo con entusiasmo – ¡Cuéntamelo!-
- Hace tiempo fui con Nagha, ella leyó mi futuro
en el agua y predijo que pronto seré comprometida con alguien muy importante.
No quisiera que mi padre, me uniera a un ser que no le superase en poder y
grandeza – aseguro.
- ¡Hay Kyra pero como
dices esas cosas! ¡Nadie es más poderoso que nuestro padre!- exclamo asombrada,
por las exigencias de su hermana.
- Bien entonces es
mejor para mí, porque así continuare sola todo el tiempo que guste - bromeo
alegre.
- ¿Pero, dime, cómo
pudiste llegar a Nagha? Sabes que está prohibido-
- Yo tengo mis métodos
- rió.
Un joven y apuesto
Elfo de gran estatura y cabellos dorados, hasta los hombros, asomó de uno de
los pasillos que rodeaban el jardín.
Con sumo respeto se
acerco a las jóvenes y las saludo haciendo una cordial reverencia - Muy buenas
tardes Señoritas- sus modales eran
correctos y su voz sensual, los verdes ojos destellaban como un par de
esmeraldas.
Tanith se ruborizo por
completo ante su presencia.
Él le sonrió
ampliamente - Señorita, debo confesar que el día de hoy se la ve más bella que
nunca-
La joven casi
tartamudeo un agradecimiento y desvió la mirada, Kyra noto el ardid y señaló -
Delfos tu siempre dices lo mismo a todas las mujeres-
- No a todas,
princesa, sino a las más bellas- indicó
pícaramente y de reojo observo la reacción de Tanith.
La joven se sintió
ofendida, rápidamente se puso de pie y se despidió marchándose.
El manto había quedado
a un lado de la fuente, Delfos lo tomo y corrió tras ella, cuando la alcanzó la
tomo suavemente de la mano diciendo - Señorita Tanith, se le olvido esto-
Ella le dirigió una
mirada indiferente y tomo el manto.
Viéndola fijamente
Delfos confesó - Puede que mi cumplido le haya ofendido, si es así le pido me
disculpe. Pero la sinceridad es lo que me caracteriza-
- ¿Realmente tú crees
que soy bella? - pregunto.
- Yo creo que usted es
la más bella, entre todas las mujeres del palacio- rió él
Tanith esbozo una
tímida sonrisa - Mientes-
- Jamás le mentiría-
- Kyra es mucho más
bella-
- La princesa es una
excepción, yo jamás podría verla como a una mujer. Me quitaría la vida antes de
ello- advirtió en tono serio.
Tanith comenzó a reír
- Es cierto, fue por ello que vuestro padre os eligió como su guardián-
- ¡Delfos!- se oyó la voz de Kyra desde el jardín - ¡Ven,
necesito hablar contigo!-
Haciendo una
reverencia soltó suavemente la mano de Tanith y se despidió, la joven aferro el
manto contra su pecho como si este fuese un tesoro digno de conservar.
Ella estaba
profundamente enamorada del Elfo, pero sabía que esa relación era imposible.
Delfos una vez había sido un príncipe de las tierras altas, cubierto de gloria
y honor, pero cuando su padre le dio la espalda a los Dragones para ayudar a la
princesa Nagha, su casta había caído en desgracia y sus tierras fueron
doblegadas al poder de los dragones. Hoy día solo quedaban con vida algunos de
su raza, solo aquellos que doblaron la rodilla y juraron obediencia al rey
dragón.
- Si señorita ¿Que
deseaba? - pregunto asomando al jardín.
- Ya lo sabes-
El la vio con
desconcierto
- No te hagas rogar,
dilo de una vez, es la comidilla del palacio ¿Quien es nuestro misterioso
visitante? -
- A decir verdad no lo
sé- indicó en tono misterioso.
- Mientes, nadie sabe
más que tú de lo que ocurre en este lugar - protesto.
- Realmente no lo sé -
Kyra entrecerró los
ojos y frunció el ceño en un gesto de enfado.
- De acuerdo, de
acuerdo- accedió riendo al ver el infantil gesto de enfado de la princesa. - Según
he oído, su nombre es Rubius. Aunque luce como un simple humano, muchos dicen
que es un ser muy poderoso, nadie sabe de dónde proviene ni quien es… de modo
que podría ser un hechicero o tal vez un hijo de los dioses-
- ¿Cómo es que nadie
lo sabe? - pregunto desconcertada
- Al parecer no
pertenece a la orden de Tascar ni a ninguna de las siete casas divinas.
Como le decía, llego
por la mañana y tuvo una conversación en privado con su padre. Por lo visto
residirá algún tiempo en palacio, dado que ya se lo instalo en las habitaciones
pertenecientes al ala oeste-
- ¿Y cómo luce? -
- Es poco más alto que
yo, lleva el cabello largo, creo que hasta media espalda y sus ojos son
oscuros, a decir verdad de un color indefinible, se podría decir que negros al
igual que su cabello.
A simple vista, tiene
el porte de un guerrero, aunque no viste armadura, sino una simple casaca
oscura y pantalones al tono.
Sus vestimentas distan
de ser elegantes, sino más bien sencillas, como las de cualquier sirviente.
Pero lo que más llamo
la atención de Galum, el sirviente que lo guió hasta sus aposentos, fue que lo
único que cargaba consigo el visitante, era un báculo de madera oscura como el
ébano, con una esfera blanca, por lo que me arriesgaría a decir que es un
hechicero o profeta.
Concluyendo, más allá
de los comentarios no parece un ser excepcional- Kyra pareció desalentada con
la descripción, Delfos lo noto - Al parecer
esperaba algo más…- señalo con suspicacia.
Ella hizo un gesto
indiferente - ¿Es todo lo que sabes? -
- Si, aunque hay algo
que me resulto muy extraño, su padre lo invito a participar de las prácticas,
en el patio de armas-
- Eso no es
extraño- opino en tono sarcástico.
Delfos la corrigió -
Si lo es, dado que deberá enfrentarse a Tatsuo-
- ¡¿Mi hermano?!- exclamo
con asombro.
- Así es, hace unos
instantes estuve allí, el estaba preparándose, pero Rubius aun no se había
presentado-
- Es mejor que no lo
haga, Tatsuo lo destrozará- opinó ella.
- Ya lo creo, no
existe nadie más poderoso que el general…-
- Si existe- señalo Kyra –mi padre-
Minutos más tarde,
Tanith apareció corriendo, al llegar junto a ellos se detuvo para retomar el
aire.
Tanto Kyra como Delfos
la vieron con desconcierto.
Aún jadeante la joven
exclamó - ¡Ven pronto, esto lo tienes que ver!- y tomo a Kyra de la mano
llevándola casi a la rastra consigo.
- ¿Qué ocurre? -
pregunto mientras la seguía.
- Es Tatsuo, está
peleando con el visitante- indicó Tanith, mientras corrían por el pasillo.
Al llegar a la parte
trasera del patio de armas, las jóvenes subieron rápidamente las escaleras que
conducían al podio real.
El combate ya había
dado inicio, en medio del patio y rodeados por un grupo de soldados se
encontraban los contrincantes.
Tatsuo llevaba su arma
predilecta, una larga y ornamentada vara de platino con una esfera azul en el
extremo superior y una filosa cuchilla dentada en el extremo inferior.
Rubius había detenido
con ambas manos la hoja, hecha enteramente de diamante y no parecía estar
armado.
El general aplico todo
su peso sobre el arma, pujando por atravesar a su contrincante, pero este era
más fuerte de lo que inicialmente parecía y sin esfuerzo mantenía inutilizada
el arma, limitándose tan solo a verlo con expresión burlona.
Más que enfadado dejo
de forcejear y retrocedió, desbordante de ira elevo la vara al cielo; la esfera
brillo con fuerza y una gran cantidad de energía se concentro en esta.
Dando un salto lanzó
su ataque, y al mismo tiempo tomo con ambas manos la vara, pese a las
advertencias de su padre en ese momento estaba dispuesto a matar a su
contrincante.
Rubius dirigió una
mirada indiferente a la azulada bola de energía que se abalanzaba sobre si
cuando esta estaba por golpearle murmuró –Dispérsate- y al instante la energía se consumió.
Al mismo tiempo se
movió a una increíble velocidad y ubicándose tras su atacante, lo golpeo con el
codo de pleno en la espalda.
Tatsuo cayo aturdido
al suelo, nunca hubiese esperado un movimiento tan veloz. Maldiciendo se puso
de pie y sus violáceos ojos destellaron con fuerza.
- ¡Ya me harte de
juegos!- advirtió enfurecido y dejó
emerger en su espalda un par de brillantes alas, estas eran dos veces más
grandes que su propio cuerpo; la piedra que reposaba en su frente, se encendió
en un oscuro morado. Lentamente la pupila de sus ojos se contrajo y estos
tomaron forma almendrada.
Los espectadores
quedaron asombrados, nadie jamás había visto que Tatsuo usase su transformación
o parte de ella, en un combate que no fuese contra otro alto general.
Las manos tomaron
forma de garras y el rostro se le torno ovalado.
Rubius no pareció
impresionado, sabía de buena fuente que los hijos del dragón al nacer, podían
tomar un dragón como montura o fundirse con ellos y usar su forma en batalla.
Soltando un suspiro que denoto aburrimiento, solo se limito a esperar el
ataque.
Kyra no podía creer lo
que veía, estaba segura de que su hermano vencería. Maravillada por la
demostración de poder, no presto la mínima atención al desconocido
contrincante.
El rey sin embargo
observaba en silencio, parecía estar concentrándose más en los movimientos de
su visitante que en los de su hijo, quien ahora parecía tener la victoria
asegurada.
El desinterés total
que mostraba Rubius, se contradecía con lo que había oído de este.
Ryo comenzaba a dudar
de los rumores, acerca de la enorme demostración de poder que había hecho
durante su estadía en el clan Hi no ōkami.
Aunque al ver sus
movimientos notó que solo estaba haciendo uso de su propia fuerza y destreza.
Tatsuo se encontraba
levitando por sobre Rubius, de pronto unió ambas manos y al separarlas una
enorme bola de energía se concentro en medio, sin pensarlo la lanzó sobre su
este.
Alzando una mano al
cielo Rubius la detuvo en el aire y con la vista fija sobre Tatsuo esbozo una
sonrisa burlona - Eres demasiado desconsiderado para con los espectadores, ya
que con tamaña demostración puedes divertirlos tanto, como herirlos- advirtió.
- ¡Déjate de
estupideces y pelea como es debido!-
Protesto.
Rubius negó con la
cabeza y dirigió una rápida mirada a su alrededor, había al menos veinte
soldados, los cuales podrían morir si lo hacía. Además se le había prohibido
hacer uso de sus poderes en el interior del palacio.
Tatsuo al descubrir el
motivo de distracción, esbozo una cínica sonrisa y extendió su mano con la
palma hacia el cielo.
Al cerrarla, desde el
suelo emergió una poderosa onda de energía, la cual desintegró a los soldados
que los rodeaban
- Ya me deshice de lo
que te preocupaba, ahora demuéstrame tu poder-
rió burlonamente en desafío –Si es que lo posees-
Rubius le clavo la
mirada con enfado, en ese momento sus ojos destellaron en un dorado intenso,
contrayéndose la pupila en un fino hilo, estaba decidido a terminar el combate,
antes de que su contrincante realizase otra atrocidad.
En tono ronco de
enfado señalo - Esto te pertenece- y le
regreso la bola de energía que había paralizado en el aire.
Tatsuo la esquivo y se
lanzó al ataque. Rubius dio un salto, aparentando atacar al frente, pero a
último instante y haciendo uso de una velocidad, invisible para su oponente, lo
esquivo. Quedando por sobre este, le propino un fuerte codazo en medio de la
espalda haciéndolo caer nuevamente.
Descendiendo Rubius
caminó lentamente hasta ubicarse frente a él, todo a su alrededor comenzó a
temblar.
Cuando Tatsuo se
incorporó y sus ojos se encontraron, por un breve instante, la sangre pareció
helársele. Jamás había visto una mirada como aquella.
Era como hallarse
frente al mismísimo señor de la noche, la energía que manaba de su contrincante
era sorprendente, tanta era que el suelo no lo soporto y lentamente comenzó a
rajarse.
Sosteniéndole la
mirada, intento ponerse de pie, pero Rubius lo tomo sorpresivamente por el
cuello y lo elevó como si el enorme general no pesase absolutamente nada.
Inmediatamente golpeo
con la palma de su mano el pecho, la fuerza fue tal que la armadura se partió
en dos.
Enseñando su mano al
rey dejo crecer las uñas de sus dedos como si estas fuesen afiladas cuchillas
negras y preguntó – Como lo he prometido no estoy haciendo uso de mis poderes,
sino solo de mi fuerza.
¿Ahora dime esto es lo
que querías “Gran dragón”? ¿La muerte de tu cachorro predilecto, solo por medir
a quien consideras un posible enemigo? - su tono de voz sonaba ronco de ira.
El rey elevo una ceja
con mirada desafiante, Ryo sabía que llegado ese punto la mejor opción era
detener el combate, ya había medido las fuerzas de Rubius y estas superaban
todo lo que había conocido, hasta el momento. Pero si lo hacía, estaría
deshonrando a su hijo.
Kyra se hallaba a un
lado de su padre, viéndolo con ojos suplicantes exclamó - ¡Padre debes
detenerlo!-
El la ignoró, se puso
de pie y sin quitar la vista del hombre que lo desafiaba exclamó - ¡Mi hijo no
es ningún cobarde, termina este combate como se pactó!-
Esbozando una media
sonrisa, Rubius golpeo el pecho de Tatsuo enterrando las uñas con fuerza,
lentamente las frotó en el interior del cuerpo haciéndolo gemir de dolor y sin
soltarlo reiteró su pregunta -¿Aun necesitas más pruebas? ¿O ya ha sido
suficiente,? Solo debes decirlo - el suelo bajo sus pies se hundió a causa de
la enorme energía que manaba de su cuerpo y una fuerte luz dorada lo rodeó.
Las esculturas que
adornaban el patio de armas estallaron en mil pedazos y las columnas comenzaron
a rajarse.
- ¡Padre!- suplico Kyra aterrorizada y al ver que nada
haría por salvar a su hermano, se asomó al balcón desesperada gritando - ¡No lo
hagas!-
- ¡Mátalo! ¡Utiliza
todo tu poder si es lo que deseas, Tatsuo fue el primero en romper las reglas,
por lo que te encuentras en todo tu derecho de hacerlo!- ordenó el rey
aferrando sus manos a barandal, con fuerza tal que el mármol donde se apoyaba
estallo.
- ¿Así que eso es lo
que quieres…?- musitó Rubius y dispuesto
a rematarlo elevo la mano para atravesarlo nuevamente.
- ¡No! - exclamó Kyra
y de un salto descendió al lugar de la batalla - ¡Te lo suplico, no lo
hagas!- grito con ojos llenos de
lágrimas.
Rubius reaccionó
instintivamente, dejando caer el desvanecido cuerpo de Tatsuo, corrió con
intención de atacarla.
Al mismo tiempo ella
suplico sollozante - No lo mates, por favor -
y fijo sus tristes ojos en los del desconocido, todo su cuerpo estaba
temblando de terror, las piernas apenas podían sostenerla.
Él se detuvo de
inmediato, con la mano elevada a la altura del cuelo de Kyra y separadas las
uñas por tan solo unos milímetros, por un prolongado instante ambos se quedaron
viendo fijamente.
La mujer tenía un
rostro angelical, de facciones entre infantiles y sensuales, por lo visto era
muy joven.
Ella tomo la mano de
Rubius con las propias y se arrodillo implorando – Si es necesario toma mi
vida, pero ten piedad de mi hermano-
- ¡Levántate Kyra! -
exclamó el rey con enfado y clavo con desesperación la vista sobre Rubius,
temía que aceptase el ofrecimiento.
Allí fue como si hubiese reaccionado, sus ojos retornaron a la
normalidad al igual que su mano – levántate, no te haré daño a ti ni a él-
Lentamente retrocedió,
sin dejar de ver a la hermosa joven de cabellos blancos que suplicaba con
angustia.
Kyra se arrastro por
el suelo hasta llegar donde Tatsuo yacía y haciendo uso de su magia sano las
heridas.
Rubius meneo la cabeza
con desapruebo, no hacía la joven sino hacia sí mismo, había estado a punto de
dañarla a causa de la ira que lo había cegado.
De reojo vio al rey
Ryo, quien tenía la vista fija sobre él y se hallaba al parecer listo a
intervenir, sin decir palabra volteo y se marchó del lugar.
Unas horas más tarde,
mientras el anciano la acompañaba hasta sus aposentos, la reprendió seriamente.
- ¡¿Cómo te atreves a
intervenir en un combate?!- grito
enfurecido - ¡Acaso no se te ocurrió que podrías resultar herida!-
Con la vista fija en
el suelo ella guardo silencio.
- ¡No solo has
deshonrado a tu hermano, sino que me desautorizaste!- continuo regañándola.
- Lo siento padre -
susurro deteniéndose frente a la puerta, aguardando a que el sirviente la
abriera.
- ¡Deberás disculparte
y agradecerle el no haber tomado represalias!- ordenó
Ella elevó el rostro
bruscamente - ¡Eso jamás!-
- ¡Oh sí, lo harás!-
- ¡No, él es un
Demonio desalmado! ¿Acaso no lo noto en su mirada? -
- ¡¿Intentas
desafiarme nuevamente?!- exclamó con ira
- ¡Padre castígueme si
es necesario, pero jamás volveré a hablar con él!- protesto - Aun no puedo creer que le ordenó
matar a mi hermano-
- Estaba en su
derecho. Después de todo, fue Tatsuo quien pidió el combate a muerte. Por lo
que no solo deberás disculparte con Rubius sino con él también-
- ¿Padre, no puedo
entender porque me pide tal cosa? -
- ¡Tu eres una mujer
no debes entender, debes obedecer!-
culminó tajante y se marcho.
Kyra quedo muy enfada,
por nada quería disculparse, pero no podía continuar desafiando a su padre.
El banquete que él rey
había ordenado preparar para agasajar a su visitante, se había sucedido
tranquilo.
La cabecera de la mesa
había sido ocupada por Ryo y a su derecha ordenó se ubicase al agasajado.
Hecho que molesto por
demás a Tatsuo, quien como su mano derecha solía ocupar ese lugar. Pero esa
medida no había sido tomada por el rey, tan solo por el agasajo, sino por el
enfado que sentía en esos momentos ante la patética forma en que Tatsuo había
perdido el combate.
Tras culminar la cena
los hombres se habían trasladado al salón de fiestas, en donde daría inicio al
festejo y los agasajos.
El lugar estaba
finamente decorado y cientos de almohadones se esparcían por doquier, en el
centro una dorada fuente contenía el fuego que proveía calor al salón.
Las paredes se
hallaban revestidas en finos tapices y delicadas alfombras cubrían el suelo.
Todas y cada una de ellas, exhibían refinados dibujos bordados en hilos de oro
y plata.
El suave olor a
incienso inundaba el lugar, bellas sirvientes, vestidas elegante y
sugestivamente, se ocupaban de servir las bebidas.
Durante el banquete,
se había hablado mucho al respecto del campo de batalla, pero nadie se atrevió
a mencionar el combate de la tarde.
La primera de las
siete hijas del rey, en presentarse, fue Tanith, ella toco una suave melodía de
arpa.
Tiamat la mayor, había
sido presentada durante el banquete, pero como se la consideraba una guerrera
no hizo demostración alguna en el agasajo y solo se limito a saludar con un
asentimiento de cabeza al visitante.
Pues ella era la única
mujer aceptada y tratada como un hombre más en el palacio.
Rubius parecía
mantenerse al margen de todo lo que sucedía a su alrededor, durante el banquete
había hablado muy poco y desde la llegada al salón se había mantenido en
silencio.
Luego que Tanith
culmino la pieza musical, hizo una cordial reverencia y se marchó.
Casi inmediatamente y
proveniente de un grueso cortinado, comenzó a sonar una extraña y exótica
melodía, poblada de sonidos metálicos, acompañada de tambores y repiqueteos de
cinetas.
De pronto un agudo
sonido se oyó y el tintinear del metal aumento junto con el repiqueteo del
tambor.
Una menuda mujer,
envuelta en finos y translucidos pañuelos de fina seda lila y dorada, entro
danzando al compás de la música.
Ella llevaba el rostro
y cabello cubiertos, por lo que lo único visible fueron sus enigmáticos ojos.
Lentamente y con sensuales movimientos se acercó hasta ubicarse frente al rey y
su agasajado.
Dicho baile no estaba
previsto, por lo que Ryo dirigió una fuerte mirada al guardia que se hallaba
junto a la puerta, este hizo un gesto denotando que no había sido informado.
Rubius quedó
impresionado con su exótico y sensual danzar, el cuerpo se mecía al son de la
música con una elasticidad y naturalidad jamás vistas.
Casi hipnotizado por
sus bellos ojos de amatista, no pudo dejar de observarla y ella parecía haber
centrado su danza en él.
De pronto la mujer,
extendió sus brazos a los lados y de entre los pañuelos tomo dos finas espadas,
al son de la música danzó con estas, demostrando tener un gran dominio de las
armas.
Balanceándolas de un
lado a otro, las lanzó al mismo tiempo y se arrodillo posando la frente en el
suelo.
Las espadas giraron en
el aire y cayeron juntas, dando la impresión de que se clavarían en su espalda,
pero hábilmente se incorporó a tiempo de tomarlas por las empuñaduras.
La danza duro largos
minutos y se prolongó más allá de lo esperado, durante ese tiempo blandió las
armas de mil formas peligrosas, incluso camino con las puntas de sus píes
desnudos, sobre el borde ardiente de la fuente que contenía las brazas.
Al ver que su
agasajado, por primera vez demostró interés, el rey pregunto en tono bajo - ¿Te
agrada esa esclava verdad? -
Rubius asintió en
silencio, no podía dejar de observarla, era bellísima y ella no le quitaba la
mirada de encima.
- Bien si así es, será
tuya - ofreció – Esta será mi
compensación por la ofensa sufrida durante el combate -
Rubius esbozó una
media sonrisa, complacido con el ofrecimiento. Realmente estaba impresionado y
moría por ver el rostro de aquella beldad que lenta y conforme se desarrollaba
la danza, se desprendía de los pañuelos que ocultaban la menuda pero bien
desarrollada figura.
El dorado sostén que
cubría los voluptuosos pechos, estaba decorado por cientos de cristales
azulados, al igual que los brazaletes que llevaba en sus antebrazos y dos
esclavas doradas en forma de serpientes marinas, se enroscaban en la parte
superior de sus brazos.
No solo Rubius había
quedado encantado con la misteriosa bailarina, sino la mayoría de los
concurrentes. Pues su danza no era tal, sino que a las claras se podían ver los
movimientos de combate en el baile, aquella mujer era tan bella como letal.
Dando final a la
danza, la mujer dio un ágil salto y cayó de rodillas frente a Rubius, con las
manos extendidas a los lados de su cuerpo, sosteniendo firmemente las
empuñaduras de las espadas.
Él dirigió una mirada
al rey, este con expresión seria asintió y Rubius se inclino con intención de
remover el velo de su rostro, diciendo –Espero seas tan bella como tu danzar-
- Soy más que
ello- susurró e hizo un rápido
movimiento y elevando ambas espadas las cruzo delante de sí.
Rubius reaccionó a
tiempo de esquivarlas y evito ser degollado.
Inmediatamente y con
los cantos de sus manos retiro bruscamente las espadas, obligándola a soltarlas
–Veo que también eres brava- rió y
nuevamente se inclino hacia ella –Pero me temo, fallaste-
- Te equivocas- rió y apretó el filo de una fina daga al
cuello de él.
Ryo se puso
bruscamente de pie, estaba enfurecido ante tal osadía, de inmediato ordenó –
¡Aprésenla! -
- ¿Pretendes
asesinarme? - pregunto Rubius elevando una oscura ceja, sin moverse o
amedrentarse ante la amenaza de muerte.
Poniéndose de pie, la
mujer volteo hacia los soldados que se acercaban y ordenó en tono firme –
¡Regresad a sus puestos! - mientras
retiraba el velo y descubría su rostro, volteo lentamente y respondió –No, no
pretendo asesinarte, si no tan solo demostrarte que los dragones somos tan amables,
como temerarios y sus mujeres no son la excepción, tu perdonaste la vida de mi
hermano por lo que perdonare la tuya y la deuda quedará saldada-
- ¡Kyra!- exclamo el rey escandalizado - ¡¿Qué haces tú
aquí?!-
Tomando actitud de
sumisión, ella respondió –Padre usted me ordenó presentase mis disculpas a
vuestro visitante, bien estas son mis disculpas- pero aunque su actitud denotaba sumisión, sus
palabras demostraban un claro desafío y una marcada burla.
Tatsuo se puso
bruscamente de pie y sin dejar pasar un segundo, la retiró del salón. Tomándola
bruscamente del brazo la llevo casi a la rastra.
Rubius quedo anonadado
al descubrir que ella era la misma joven que había intervenido en el combate,
impresionado pregunto al rey - ¿Quién es ella? -
Este no respondió, en
su rostro se reflejaba un marcado enfado, sin siquiera dar explicación salió
del salón indicando –El agasajo ha llegado a su final-
El resto de los
presentes estaban tan impresionados, que ninguno emitió un solo comentario.
Rubius quedo confundido,
con intención de marcharse bajo la escalinata y noto que tirada a un lado,
había quedado la daga de la mujer; se inclino, la tomo y continuo su camino.
Tatsuo llevaba a Kyra
a través del pasillo, pero ella se soltó de un tirón protestando - ¡Suéltame me
haces daño!-
Este le propino una
bofetada - ¡Eres una vergüenza! ¡No solo una, sino dos veces nos has
avergonzado! Ahora deberé cargar con la vergüenza de que una niña cobró la
venganza que me correspondía-
Azorada rompió en
llanto - ¡Lo siento hermano, yo nunca
quise…! -
- ¡Será mejor que no
vuelvas a dirigirme la palabra! -
advirtió en tono ronco.
Llevando la mano a la
mejilla enrojecida, ella suplicó - ¡Perdóname! ¡Yo tan solo pretendía
reivindicar mi error! -
Tatsuo la abofeteo
nuevamente, pero esta vez el golpe la tiró al suelo - ¡Lo único que lograste
fue ponerme en vergüenza! ¡¿Cómo pudiste arrodillarte ante él?! -
- Suplicaba por tu
vida- susurró aterrada.
Tomándola bruscamente
por el cuello, la elevó aprisionándola contra el muro - ¿Pues no has aprendido
nada de lo que te enseñe? ¡Jamás! ¡¿Me oyes?! ¡Jamás debes suplicar! ¡Es
preferible morir antes de ello!-
Sofocada y aterrada
Kyra le clavo la mirada, esto lo encolerizó aun más y elevó nuevamente la mano
para golpearla.
Antes de que pudiese
hacer nada, un sonido se oyó en el pasillo y al voltear la vista en esa
dirección, su mirada se encontró con la de Rubius. Quien lo observaba
furibundo.
Parado a mitad del
pasillo, el había contemplando la discusión y si Kyra hubiese dicho algo o
pedido su ayuda, no hubiese dudado en culminar lo que en la tarde había quedado
pendiente.
Tatsuo la soltó
lentamente sin dejar de ver a Rubius.
- ¿Se encuentra bien?
- pregunto sosteniendo la mirada.
Ella cayó de rodillas
aun sofocada tomándose la garganta.
- Esto no es su
asunto, así que no intervenga- señaló
Tatsuo y ordenó a su hermana - ¡No quiero volver a verte! Vete de aquí-
- Ese no es modo de
tratar a una dama - señaló secamente Rubius.
- ¡Es una mujer y la
tratare como lo merezca!- refutó Tatsuo y de reojo la vio preguntando - ¡¿Qué
haces aún aquí?! ¡He dicho que te marches!-
Kyra se quedo viéndolo
con los ojos vidriosos, casi a punto de estallar en llanto, nunca hubiese
imaginado que su hermano obrara de forma tan cruel para con ella.
- ¡Princesa Kyra!
- resonó la voz de Delfos en el extremo
opuesto del pasillo, al verla en el suelo corrió a auxiliarla - ¿Se encuentra
bien? - pregunto tendiéndole la mano,
pero al ver el enrojecido rostro exclamó - ¡¿Qué le sucedió?!-
- ¡Llévatela de mi vista!-
ordenó Tatsuo – ¡O la golpeare hasta el cansancio!-
- Enseguida, señor-
respondió el elfo, apretando el puño para contener su ira.
Al día siguiente el
rey envió a Tatsuo al campo de batalla y pidió a Rubius le entregase el
medallón de los antiguos. Luego se dirigió a la sala del portal y mediante
esta, viajo a la torre de cristal.
Al regresar su actitud
hacia Rubius cambió drásticamente y durante los años que precedieron a su
llegada, fueron trabando amistad.
Poco a poco, este se
convirtió en alguien de considerable importancia en el palacio. Con plena
libertad para recorrerlo, a acepción del ala este, lugar al que tan solo el rey
y sus hijos podían acceder, por ser la zona designada para las mujeres de la
casta real y la torre dorada. Lugar al que solo el rey tenía acceso y nadie
conocía la razón.