Autor: Kyra Vangler
Genero: Accion, Fantasia, Romance, Artes Marciales, Maduro
Sinopsis: Por más de un milenio el clan conocido como Ryūjin o los Dragones divinos, y el Hi no ōkami, clan de los lobos del fuego; se habían enfrentado ferozmente en batalla. En la actualidad ambos clanes contaban con serios conflictos internos, causados tras milenios de guerra y esta tregua era el mejor modo de resolverlos, antes de llegar a una destrucción total.
Aprovechando la creciente debilidad del Ryūjin, el Clan Nagamushi iniciósu ataque desde las sombras.
Capitulo 2
- “…Estas tan cerca
y la vez tan lejos …”-
Incorporándose
bruscamente, Rubius despertó gritando -¡¿Dónde estás?!- nuevamente había sido un sueño, era la misma
voz que noche tras noche lo atormentaba con sus llantos, pero en esta ocasión
podía oirla con suma claridad.
Aferrando con fuerza
las cobijas murmuro –Solo dime dónde estás-
y dirigió su vista hacia la ventana, aún era de noche.
Aquello que
inicialmente había empezado como un sueño comenzaba a convertirse en pesadilla.
Noche tras noche y
cada vez con mayor frecuencia, oía a aquella mujer sollozar, en ocasiones hasta
podía sentir su pesar.
Soltando un suspiro
recostó nuevamente la cabeza sobre la almohada, fijando la vista en el techo.
Cuando comenzaba
nuevamente a quedarse dormido, de reojo vio hacia él balcón y por un segundo
pudo ver una figura borrosa en la penumbra.
Era una mujer de
menuda figura, envuelta en un enorme manto. El viento sacudía suavemente el
rizado cabello, pero eso fue todo lo que consiguió divisar, antes de que
pudiese reaccionar la imagen había desaparecido.
- …
¿A qué temes más? ...¿A jamás conocer la verdad o tal vez a descubrirla?…- se oyó su pregunta alejada.
- No te vayas- suplicó, pero no obtuvo respuesta. Tomando
asiento en la cama reflexionó acerca de lo que oyó y vio, preguntándose si esto
no había sido producto de su imaginación. En ello pasó el resto de la noche.
Pasada media mañana
salió de sus habitaciones y fue informado de que el rey lo requería con
urgencia.
En el llamado salón de
guerra se encontraron, el anciano tenía el semblante sombrío y sostenía entre
sus manos un rollo. Según pudo notar al ver el emblema de la tela, este
provenía del Hi no ōkami.
Aunque ambos habían
trabado una gran amistad, a causa de que Rubius había salvado la vida del rey
en una ocasión, no solían verse muy seguido.
- ¿A qué se debe tan
urgente llamado? - pregunto con extrañeza Rubius
- Me ha llegado un
comunicado de Zeros-
- Ya veo ¿Nuevamente
el Hi no ōkami ha declarado la guerra? -
El anciano tomo
asiento y entrelazo las manos delante del rostro, por un prolongado instante
guardo silencio, más luego soltó un suspiro y se dispuso a explicar –Me temo
que no, aunque preferiría eso a lo que me han pedido- luego relató el trato que había firmado hacía
ya cinco años, cuando termino señalo –Pero Kyra, aún no sabe absolutamente nada
del compromiso-
Al oír el nombre, a su
mente retorno el recuerdo de aquella bella joven y su sensual danza exótica.
Desde aquella noche,
nunca más la había vuelto a ver, pero jamás había olvidado sus bellos ojos de
amatista, así como sus dulces y sensuales facciones.
Para si se dijo que
era una pena el destino que le había tocado, Zeros no era un ser que se
acercase ni remotamente a la piedad y sus dominios eran casi tan oscuros como
los de las serpientes.
El era un guerrero
innato y un ser incapaz de demostrar el más mínimo sentimiento, ella jamás
sería feliz a su lado.
Casi viendo la reacción
de la joven, al recibir la noticia, se arriesgo a decir –No creo que le agrade
demasiado -
- Ya lo imagino- musito el anciano meneando la cabeza –Kyra
siempre ha sido mi favorita y me temo que ha sido tanta la libertad y
consentimiento que he tenido por ella, que de sumisa solo tiene la apariencia.
Si no fuese por su
enorme bondad e inocencia, diría que sería una perfecta guerrera, tanto así
como su hermana mayor- con un cierto
dejo de tristeza señaló –Pero me temo que sin otra opción deberé obligarla a
aceptar el compromiso-
- ¿Entonces, cual es
el motivo por el que me ha llamado?- pregunto desconcertado.
-Deseaba pedirte un
favor, de estar mi hijo se lo pediría a él, pero bien sabes que se encuentra en
el campo de batalla.
Lo que quiero es que
entrenes a Kyra.
He sabido de buenas
fuentes que la vida no es fácil para las mujeres en el reino de Zeros y con
mucha facilidad se deshace de ellas y no quisiera que nada le ocurriese. Por
ello quiero la ayudes a controlar sus poderes, llevándola al máximo de su
nivel, ya que si algo saliese mal quisiera que escapase ilesa o al menos tenga
una oportunidad de hacerlo-
- Me siento honrado
con su petición, pero no me creo apto para ser tutor de su hija- señaló y explicó –Dado que jamás he sido
tutor y…-
El rey lo interrumpió
–Lo sé, pero no puedo confiarla a nadie más.
Para serte sincero, en
estos momentos solo puedo confiar en mí mismo. Dado que hay demasiados
problemas internos en el clan y no quisiera depositarla en las manos
incorrectas, temo que hay un traidor entre los dragones y no sé de lo que es
capaz.
No olvides que ella es
un punto clave para mantener la tregua con el Hi no ōkami.
Además, ambos sabemos
que no existe ser más poderoso que tu-
al decir esto último, lo vio con expresión seria y ofreció –Si aceptas
ser su tutor y velar por su seguridad, a cambio prometo darte lo que tú has
buscado por tanto tiempo-
Elevando una ceja con
desconfianza preguntó - ¿Y qué es lo que considera he estado buscando? -
- Respuestas- dijo en tono firme –Yo conozco tus orígenes y
mucho más que ello, tú verdadera historia.
Para empezar te
confirmare algo que tú mismo ya has de saber o sospechar, pero no es una
respuesta sino solo parte de ella -
haciendo una prolongada pausa confesó –Tu eres un hijo de los dioses y
un descendiente de los dragones…-
Rubius no pareció
sorprendido, por un instante guardo silencio, luego pregunto con suspicacia -
¿Está diciendo que pertenezco a su clan? -
- No - respondió
secamente el anciano –Tú no perteneces al Ryūjin, ni remotamente te nos
acercas. Pero lo que sí puedo asegurar es que eres un descendiente del
traicionero Akuma -
- El dragón negro
- murmuró Rubius
- Así es, hace mucho
tiempo cuando se sucedió la primera guerra en los cielos. Akuma, el dios
dragón que moraba en la montaña Iral, fue el primero en descender al mundo que
nuestros antepasados crearon. Junto a la diosa Baden, mejor conocida como la
madre del clan Lumini.
Pero ellos fueron víctimas de un
engaño tramado por el señor de la noche, este los utilizó para crear una
criatura prohibida, un ser que fuese en parte humano, en parte demonio y
tuviese el poder de los dioses, esa criatura se la llamó Zotay.
Para ello tomo la esencia de un
demonio Eshva y la colocó en el cuerpo de una mujer humana, de la cual Akuma había
quedado prendado y casi de inmediato busco el modo de procrear a la criatura.
La primera en descubrir la trampa
fue Baden, pues en sus sueños vio lo que aquella criatura haría a este mundo si
nacía.
Sin embargo Akuma desoyó sus
advertencias, ya que sus oídos habían sido envenenados por el astuto demonio
que poseía a la mujer.
Tanto así fue engañado, el dios de
las montañas, que lucho en contra de Baden e incluso desafió a su propio clan
para proteger al nonato.
Sin otra opción la diosa hecho
mano a un último recurso y para evitar que esa criatura propagara su mal, lanzo
una maldición sobre el niño sin nacer.
Este no podría alejarse de los
infiernos o se convertiría en mortal y perdería todos sus poderes si se exponía
a la luz del sol.
Cuando Zotay nació y Akuma
descubrió la maldición que Baden había echado sobre este, ascendió a los cielos
y atacó su palacio.
Los súbditos de Akuma pelearon
ferozmente, pero no fueron suficientes como para enfrentar a todas las castas
celestiales, quienes se fueron uniendo a la batalla en el transcurso de los
años.
Antes de ser vencido por completo,
Akuma hizo un pacto con los demonios y a pesar de que se le concedió un enorme
ejército fue vencido.
De la sangre que mano de sus
heridas nacieron siete dragones negros, ellos se llevaron el cuerpo del dios y
en un desesperado movimiento escaparon, protegiendo a Zotay.
Cuando los dragones depositaron el
cuerpo del dios entre las montanas este se fundió con la tierra árida creando
un enorme bosque negro.
Los Seis Generales divinos
intentaron seguirles, pero ellos se ocultaron en el interior, donde el corazón
de Akuma creó una puerta al mismo infierno.
Allí resistieron por más de mil
años, hasta que finalmente Zotay ya convertido en adulto, llegó a un acuerdo
con la diosa. Incluso como muestra de su buena fe, la invitó a sus dominios y le
otorgo a ella el poder de controlar las fuerzas de la oscuridad.
Pero aquello solo fue un engaño muy
bien tramado y para cuando ella lo descubrió fue muy tarde, pues solo le dio el
control de los espectros, quienes a su vez se alimentarían de su fuerza cada
vez que los invocara.
Habiendo utilizado el falso poder
que Zotay le había dado, Baden quedó tan debilitada que no fue capaz de escapar
y este corto sus alas y encadeno en lo profundo de sus dominios.
Ofreciendo liberarla solo si
rompía la maldición que sobre su alma pesaba, ella se negó y desesperada
recurrió a su último recurso, el suicidio. Pues temía que si continuaba
debilitándose, cediera a sus peticiones.
Antes de caer muerta, Baden fundió
su alma con la espada Lumineis, para así poder hallar a quien venciera a Zotay.
Hoy día
los descendientes de Akuma y Zotay, aunque sean dragones, han nacido en los
infiernos y son considerados demonios -
- ¿De ser así, como es
posible que yo esté aquí? - pregunto con desconcierto.
-Porque aunque tú no
cargas su misma maldición. En este momento llevas en tu sangre el poder del
cielo y el infierno, pero uno de ellos aun no ha despertado y cuando lo haga no
sé si serás capaz de controlarlo-
Dejando su postura
distante Rubius lo instó - ¿Si lo sabe, dígame quienes son mis progenitores,
porque me…? -
El rey lo interrumpió
elevando la mano – Todo a su debido tiempo. Ya he dicho mucho más de lo que
debía, ahora tu deberás entrenar y proteger a mi adorada hija y cuando su
entrenamiento sea completado te daré el resto de las respuestas.
Solo pido hagas un
único juramento y lo selles con tu vida si es necesario-
- Así lo haré- respondió rápidamente.
- Se que Kyra es bella
y joven, tal vez sea la más hermosa de todas las dragonas.
Aquella noche mientras
danzaba, note cuanto te atrajo y jamás te la hubiese ofrecido de saber quién
era.
Así que te pido jures,
nunca posar tus ojos en ella, porque te aseguro que nada te salvará si lo
haces.
Tú no lo sabes y creo
que tampoco eres culpable, pero tú nacimiento fue un accidente, un error,
quizás el más grande pecado que pueda haber cometido un ser celestial y por
nada deberá repetirse.
Por ello jamás deberás
dejar descendencia en este mundo o cualquiera de los existentes.
Si osas tenerla, serás
ejecutado junto con ellos y no es solo mi decisión, sino una orden impartida a
todos los clanes a través de los antiguos-
al terminar de decir esto lo instó - ¿Aún quieres tus respuestas? Porque
si las quieres deberás jurar lo que te he pedido-
Rubius lo meditó
seriamente, hasta el momento no había contemplado la idea de tener
descendencia.
Considerando que no lo
necesitaría, la curiosidad fue más fuerte que su razón. Con completa seguridad
asintió –Acepto-
- Si faltas a tu
palabra, serás maldito por la eternidad, condenado al sufrimiento y la
desolación- invocó el Rey dragón y lanzó
el conjuro sobre Rubius –Ahora puedes marcharte, en la tarde hablare con ella
para que comiencen mañana a primera hora con su entrenamiento.
Recuerda que no
contamos con mucho tiempo, Zeros la ha reclamado y en doce lunas estará aquí
para conocerla-
Kyra se encontraba
sentada frente a un gran espejo dorado y una esclava le cepillaba el cabello.
La joven confesó con
timidez –Señorita, usted tiene el cabello más bello que jamás he peinado-
Ella asintió
indiferente, la larga y sedosa cabellera blanca le llegaba hasta poco más de la
cintura, lacia por completo, terminaba en finos rizos ondulados.
En la puerta se oyeron
tres golpes –Adelante- invitó en tono
des airoso y soltó un suspiro, se encontraba sumamente aburrida.
Delfos entro cargando
un azulado corsé metálico de fina y delicada confección, adornado en su
totalidad por pequeñas piedras celestes en forma de óvalos y finas faldas de
gasa se extendían desde la base de este.
Varios sirvientes lo
siguieron cargando, un par de brazales de igual confección y las otras partes que
conformaban la armadura.
Al ver la armadura
depositada sobre la cama, ella se sorprendió, luego de despachar a los
sirvientes preguntó a Delfos - ¿Y esto a que se debe? -
El esbozó una
misteriosa sonrisa.
Con los ojos
iluminados de alegría preguntó - ¿Ha regresado Tatsuo? ¿Dime, el la envió? -
sin dejarlo responder se puso alegremente de pie y tomo el corsé –Es perfecta.
Yo sabía que me perdonaría ¡Si, estaba segura! ¡Qué alegría, esto debe
significar que reanudará mis entrenamientos!-
exclamó alegremente dando un giro, pero al ver el semblante de Delfos se
preocupó - ¿Qué ocurre Delfos? -
- Me temo señorita que
no fue su hermano quien se la envió-
- ¿No? - preguntó y su
expresión se tornó preocupada - ¿Qué sucedió? No vas a decirme que…- llevando
las manos a su boca se detuvo sin poder pronunciar las palabras, sin querer
perder el tiempo, dejó el corsé de lado y camino hasta Delfos.
- Yo…- comenzó a decir él, pero ella lo interrumpió
posando las manos a los lados de su cabeza, en unos segundos leyó su mente.
- Fue mi padre- musitó con desaliento.
- Así es, el dijo que
el día de mañana usted comenzará su entrenamiento-
- Si pero yo solo
deseo entrenar con mi hermano y él se encuentra en el campo de batalla- señalo
con tono de enfado –No aceptaré-
- No creo que a su
padre le agrade una negativa. Además no se desaliente, él la espera en la sala
del trono, tal vez sea el mismo quien decida entrenarla y es por ello que la ha
mandado llamar-
Con esas palabras Kyra
se sintió más que alentada y casi de inmediato comenzó a vestirse con la nueva
armadura.
Al terminar de ajustar
el corsé en la cintura, Delfos opino –Se ve bellísima-
El ceñido corsé
metálico le quedaba a la perfección y cuidadosamente había colocado la falda
violácea debajo de este.
Sabiendo los problemas
que esta atraía, Kyra le había hecho algunas pequeñas modificaciones,
abriéndola a los lados y convirtiendo la falda en pañuelos sujetos al corsé,
dejando entrever sus largas y bien formadas piernas de suave y blanca piel.
El sostén era plateado
y calzaba a la perfección sobre sus firmes y turgentes senos.
Los brazaletes cubrían
la totalidad de sus antebrazos y sobresalían en los codos terminado en
redondeadas puntas, orlados sobre las muñecas con tres piedras de un profundo
violeta intenso, combinando a la perfección en diseño y color con los que
llevaba en las piernas.
La capa tenía una
sobre capa y caperuza, todo el borde era continuado desde el principio al fin
exquisitamente bordado en finos hilos de oro.
Para coronar la
vestimenta, una esclava sujeto en una alta cola el blanco cabello, con un ancho
broche en forma de cilindro.
La única parte que de
esta quedaba suelta, eran dos mechones a los lados, cortados delicadamente a la
altura del mentón y su poblado flequillo, el cual solía en rebeldía, separarse
formado un corazón en la frente. Dejando al descubierto su violácea piedra Zen.
- Era de esperar- se jactó ella
Al salir, fue con paso
apretado y una gran sonrisa en dirección a la sala del trono.
Al llegar espero a que
su padre aceptase la visita, con impaciencia.
Ryo se hallaba sentado
en el trono, ubicado en una alta tarima, jamás se permitía que nadie estuviese
a su altura.
Él se encontraba a un
lado, casi escondido tras el grueso cortinado.
Cuando Kyra entro en
el salón, Rubius casi perdió el aliento al verla, ella se veía mucho más bella
que como la recordaba.
La princesa avanzó a
paso firme hasta ubicarse a unos metros de la tarima.
Delfos la siguió de
cerca y cuando ella se detuvo el lo hizo, unos metros detrás y arrodillándose
fijó la vista en el suelo.
Con orgullo el rey
indicó –Veo que la armadura fue de tu agrado, hija mía-
Haciendo una
reverencia asintió –Así es padre-
- Me alegro pequeña
Kyra, porque hay algo más que la complementa y convine que lo mejor sería
entregártelo en persona- indicó enseñándole una dorada alabarda con finos
grabados y piedras preciosas engarzadas.
Depositándola en las
manos de Kyra preguntó - ¿Te agrada mi pequeña? -
- ¡Por supuesto!- exclamó asombrada, regalando una dulce
sonrisa al anciano rey.
Este se sintió
complacido, pero sabía que ahora se encontraría con la situación difícil.
Kyra no era del tipo
de mujer dócil y no había obsequio que pudiese convencerla cuando se negaba a
hacer lo que se le pedía.
Aún recordaba la
última orden que le había impartido –Como ya habrás intuido, eh decidido que
estás en edad de comenzar tu entrenamiento y si bien Tatsuo fue quien lo
inicio, no lo ha hecho formalmente y tampoco lo concluyó, por lo que…-
Con entusiasmo ella lo
interrumpió – Usted me entrenará ¿Verdad?
¡Padre, no sabe cuán
enaltecida que me siento! ¡Juro que no lo decepcionaré!- en ese momento ella se sintió tan deleita que
olvido el recato, corrió a abrazar a su padre y le besó cariñosamente la
mejilla.
Con esas palabras el
anciano perdió toda esperanza de que su hija aceptase de inmediato a su tutor.
Dando un profundo
respiro indicó acomodándola en su regazo –Me temo mi pequeña que no seré yo
quien lo haga, sino que ya te he designado un tutor-
- ¡No!- exclamó y se puso de pie en un salto - ¡Solo
aceptare a mi hermano o a usted, como mis tutores! ¡Nadie podría hacerlo mejor
y no quiero poseer un mediocre entrenamiento!-
- Hija puedo asegurar
que eh elegido al mejor tutor que pueda existir y tu entrenamiento no será
mediocre- alegó intentando conservar la
calma.
- ¡No padre!- la negativa fue rotunda - ¡No aceptare a
nadie!- finalizó cruzando los brazos
sobre el pecho con expresión ceñuda y desafiante.
- ¡Kyra, esto no es
una sugerencia, sino una orden! ¡Lo quieras o no ya e designado a tu Tutor y
deberás aceptarlo!- Ella entreabrió los
labios para soltar una protesta, pero antes de que lo hiciera el rey hablo
nuevamente –Quiero presentarte al señor Rubius-
e hizo una seña para que este se acercase.
Dispuesto a
contrarrestar los ataques que la joven lanzaría en su contra, Rubius camino
lentamente hasta ubicarse a un lado del rey con expresión seria.
Para su sorpresa, ella
no hablo de inmediato, sin embargo lo escrutinio delicadamente con la mirada,
recorriéndolo lentamente de pies a cabeza.
En las dos ocasiones
que Kyra había visto a Rubius, jamás le había prestado la mayor atención.
Durante la primera se
había encontrado tan consternada, que solo pensó en su hermano y en la segunda
se había concentrado en la danza, fijando el resto de su atención en calcular
los movimientos, buscando el momento en que se hallase desprevenido para
sorprenderlo con su ataque y podría jurar que de no ser por la reacción de su
padre, hubiese sido capaz de degollarlo para devolver el honor a su hermano.
El vestía una casaca
blanca de cuello redondo, abotonada del lado derecho con una pechera
ligeramente inclinada hacia ese lado.
La casaca, larga hasta
los tobillos, poseía en puños y cuello ribetes dorados, y exhibía un imponente
dragón bordado en el frente; por debajo llevaba pantalones al tono y zapatillas
de fina tela dorada.
El largo cabello negro
se encontraba sujeto por un listón oscuro, a media espalda y sus ojos
expresaban una mirada serena, pero triste.
Lo que la llevo a
recordar que el día de la batalla, ella los había visto dorados, su expresión y
mirada eran fríos casi macabros en aquel entonces. Pero esta vez no se veían
igual, sino que ahora eran tan oscuros que le resultaba imposible divisar la
pupila. Sus finas cejas, ligeramente arqueadas y la fina nariz, le
proporcionaban el marco perfecto al pálido y ligeramente ovalado rostro.
No sabiendo si era a
causa de las ropas, se dijo que en esta ocasión parecía más alto y fornido de
lo que vagamente recordaba.
De pronto, al
descubrirse observándolo tan detenidamente, se ruborizó e inmediatamente
frunció el seño con enfado.
Inclinando levemente
la cabeza él la saludó con tono amistoso – Buenas tardes princesa…-
Ella lo interrumpió
–Se quién es usted y con mayor razón mi negativa se refuerza-
- ¡Kyra!- la regaño el rey.
- Padre no deseo
seguir discutiendo, por lo que me retiraré. Que tenga un buen día y una mejor
noche-
Este frunció el seño
confundido
Delfos se puso de pie
de inmediato y se apresuro a abrir las puertas.
Antes de salir agregó
–Agradezco sus obsequios- haciendo una
leve pausa continuó –Pero le serán devueltos de inmediato- luego se marcho
Estallando en cólera
el rey se puso de pie.
Rubius intento
tranquilizarlo –Dejadla señor, estoy seguro que recapacitará-
El rey soltó una
carcajada - ¡Se ve Rubius que no conoces el carácter de esa joven! ¡Siempre lo
he dicho, hombre debió nacer y hubiese sido el más poderoso general! ¡Pero juro
que así sea lo último que haga, esta vez hará lo que se le ordene!- sin decir una palabra más, fue tras ella.
La discusión, fue
presenciada solo por Delfos, quien se hallaba de rodillas a un lado y fue tan
extensa y acalorada que al terminar ninguno de los dos supo quien había ganado
la batalla final.
Antes de retirarse el
rey indico en tono tajante - ¡A primera hora de la mañana tu tutor te estará
esperando en el patio de armas!-
Ella no tuvo
oportunidad de refutar, dado que el padre cerró la puerta tras de sí. Enfadada
tomo asiento en la cama, con los brazos cruzados sobre el pecho, refunfuñando.
Delfos intentó
serenarla, pero fue inútil y casi lo echó del cuarto, cuando hizo la más mínima
mención a favor de su padre.
El realmente no estaba
contento con la situación, adoraba a la princesa y cualquier cosa que la
hiciera molestar, lo hacían sentir su mismo pesar. Pero en contraparte se debía
para con su señor, por lo que nada se permitiría decir en contradicción.
Al caer la noche
Tiamat la visitó, ella era una mujer de imponente figura, más alta que
cualquier otra mujer del reino y tanto o más corpulenta que un intrépido
guerrero.
La mujer se ocupaba de
cuidar y defender las tierras de su padre.
Manteniéndolo al
resguardo del constante ataque de los demonios y recordando estos a quienes
debían adorar para mantener la paz.
Kyra saltó de alegría
al ver a Tiamat quien debido a sus responsabilidades, hacía años no la
visitaba.
Al verla no se
sorprendió, ella no había cambiado absolutamente en nada, aún llevaba el rojizo
cabello, cortado a la altura del mentón y sus verdes ojos tenían esa mirada
dura, típica de su personalidad. Pero su pupila se encontraba contraída, tanto
que apenas parecía una mancha del iris.
Esto se debía a causa
de que la guerrera solo se permitía divagar por las noches, momento en que los
demonios solían despertar para cometer sus crímenes y atrocidades. Por lo con
el tiempo sus ojos se habían acostumbrado a la oscuridad y eran tremendamente
sensibles a luz, así fuese artificial.
Apagando algunas de
las lámparas de aceite, Tiamat se acomodo tomando asiento en un blanco diván
que se ubicaba frente a la cama y dijo esbozando una gran sonrisa - ¿Cómo has
estado? -
- Bien, no sabes
cuánto me alegra tu vista. Pero desde ya, te advierto que no lograrás
convencerme- indicó en tono entre amable
y enfadado.
- ¿Por qué dices eso? -
protesto Tiamat
- Porque estoy segura
que te ha enviado vuestro padre, para que intervengas en su favor- señaló –Llevas años sin visitarme y no creo
que sea una coincidencia que hallas elegido el día de hoy para ello-
- ¿Has leído mi mente?
- pregunto levantando una ceja –Sabes que está prohibido utilizar tus poderes
en palacio-
- No hermana, muy a
pesar de mi testarudo carácter, también me baso en la lógica e intuición-
- Tienes razón. Pero
al menos deberías reconsiderarlo- en
tono burlón señalo - ¿Por qué no utilizas un poco esa lógica que profesas? -
- No te burles de
mi- se enfado y caminó en torno al
balcón.
Tiamat la siguió
–Vamos Kyra, no es tan malo. Al menos puedes decir que tienes un buen tutor,
podría haberte tocado entrenar con Vritra como a mí -
- Creo que en esta
ocasión, hubiese preferido a esa serpiente mal humorada, que al tutor que
vuestro padre eligió- viendo de reojo a
su hermana preguntó - ¿Ya lo has conocido? -
- Si fue durante el
banquete ¿O lo has olvidado?
Además he tenido
oportunidad verle y conversar en varias ocasiones, ya que suele divagar por los
jardines en las noches-
- ¿Y has sabido la
razón por la que no soporto su presencia? -
- Si, también he
sabido acerca de ello. Pero allí tienes una razón para aceptarlo, al vencer a
Tatsuo él ha demostrado su fuerza -
- No me interesa.
¿Además has pensado en que diría Tatsuo si lo supiera?
Cuando se marchó aun
permanecía enfadado, imagino su reacción al saber que estoy entrenando con su
peor enemigo-
- Por ello no debes
preocuparte, no creo que a Tatsuo le interese.
Cuando él regrese le
puedes dar tus excusas, después de todo, fue vuestro padre quien os lo
ordenó- opinó Tiamat.
- De todos modos, no
quiero- protestó Kyra.
- Pareces una niña
caprichosa, dadle al menos una chance, si después de un tiempo sigue
desagradándote, puedes citar cualquier excusa y vuestro padre lo remplazará. De
ese modo también lo estarás complaciendo-
Soltando un suspiro
Kyra accedió –Es increíble, siempre encuentras la forma de convencerme- cambiando el tema pidió –Hermana ya que has
venido, podrías contarme acerca de tus aventuras.
¿Dime, como son las
cosas allí en el otro mundo? ¿Es cierto que los hijo de los hijos son seres
inferiores y sin razón? -
Soltando una
carcajada, Tiamat negó con la cabeza – ¡Se ve que has estado demasiado tiempo
con Tatsuo, solo él puede haber dicho cosa semejante!
Los ellos son
similares a nosotros, aunque la mayoría no poseen don o poder especial y los
hay de todos los tipos, desde guerreros hasta sabios y no olvides a los
hechiceros, los cuales son lejanos descendientes de los antiguos dioses.
Algunos de ellos,
suelen ser un tanto adustos, pero son solo un grupo pequeño. Hay otros que
rebalsan de bondad, devotos de los dioses, cuidan de sus familias como de sus congéneres-
- Ya veo- murmuro algo confundida - ¿Y cómo son los
demonios? ¿Se parecen a los hijos de los hijos? -
- No, ellos suelen ser
criaturas grotescas y deformes, sin otro deseo más que el de destruir todo lo
que se encuentre a su paso.
Cada tanto, surge de
los infierno alguna criatura de gran poder y allí es cuando debo intervenir. En
los otros casos, son los hechiceros los que se encargan. Pero es difícil de
predecir cuándo surgirán, por ello me mantengo oculta entre las sombras
asechándolos-
- Suenan
escalofriantes ¿Y dime te agrada esa vida? -
- Si me agrada o no,
es lo de menos, para mí es un orgullo cumplir con esa misión - señalo Tiamat.
- ¿Si pero no te
molesta haber sacrificado tu vista para ello? ¿No extrañas pasear a la luz del sol, o su calidez y
belleza de los cielos? -
- En ocasiones sí,
pero siendo mi obligación, no dejo que me desaliente. Tú sabes que vuestro
padre colocó su entera confianza en mí.
Además debo ser un
ejemplo, dado que soy la primera dragona en convertirse en guerrera- dijo caminando hacia el balcón.
- Entiendo- musitó Kyra y se quedo viendo con admiración
a su hermana, era increíble para ella lo devota de su padre que Tiamat era.
Apoyando los brazos
sobre el barandal Tiamat recorrió el jardín con la vista.
Kyra llevó su atención
a la extraña arma que su hermana portaba en la mano y preguntó - ¿Qué es eso? -
Tiamat levanto una
ceja con desconcierto, luego se miró la mano y rió – ¡Oh, cierto! Casi había
olvidado que lo llevaba puesto. Es un Katar-
El arma era del tipo
puñal de mano, de gruesa hoja casi tan ancha como su puño y se empuñaba por
medio de una agarradera que quedaba oculta en la palma de la mano.
La hoja, exhibía un
fino dragón tallado, que en los ojos llevaba engarzados dos bellos diamantes.
El filo se lo veía
perfecto, como si este no hubiese sido utilizado jamás, pero la empuñadura
mostraba claras marcas de tener mucho uso –Es mi arma predilecta, ya sabes,
además de los cuchillos y dagas.
Me la obsequió
Uruloki, pero solo hace un tiempo que me decidí a usarla-
Kyra guardo silencio
por un momento, casi apenada de haber preguntado, el semblante de Tiamat se
había ensombrecido.
- Lo siento yo no
quise...- comenzó a disculpase.
- No tienes
porque- la interrumpió –Eso sucedió hace
mucho tiempo-
Uruloki, su esposo,
había muerto en combate hacía ya muchos años. Y desde aquel entonces, ella
había ocupado su lugar convirtiéndose en una guerrera. Pero Kyra sabía que la
simple mención, entristecía a la mujer, quien lo había, muy a pesar de su
orgulloso carácter, amado por demás.
Soltando un suspiro,
Tiamat se despidió –Bien creo que te dejaré para que puedas descansar. Recuerda
que a primera hora, Rubius te estará esperando en el patio de armas. Mañana en
la noche me contaras como te fue-
Kyra asintió luego que
su hermana se marchó, se preparó para descansar. Pero por mucho que lo intento
no pudo conciliar el sueño, su mente divagaba imaginando lo que podría suceder
al día siguiente.
En medio de la
madrugada se levanto y vistió. Delfos dormía sentado en un sillón en la
antesala, esto le causo gracia, él solía hacer eso cuando se encontraba
preocupado por ella y el enfado de la tarde lo había afectado.
Sin hacer el mínimo
ruido, entre abrió la puerta. Al otro lado los guardias se encontraban
distraídos.
Utilizando un hechizo
que Delfos le había enseñado, los hizo caer en un profundo sueño, así ella se
encontraría libre de salir sin ser vista.
Al llegar al patio,
cruzó a toda prisa y trepo por el rosal hasta el techo, caminando por este
saltó al jardín que comunicaba con el camino a la torre dorada.
Desde allí no tuvo
inconvenientes, dado que era un sector prohibido para todos, ni siquiera había
soldados montando guardia.
Al llegar a la base,
la escaló hasta la única ventana que poseía.
La habitación estaba
cuidadosamente decorada, en el centro y sobre la pared opuesta a la ventana,
había una enorme cama con dosel.
Sobre el lado derecho
se ubicaba un refinado diván de oro, con almohadones rosados y a los pies de la
cama reposaba un gran cofre. Casi en un susurró llamó – ¿Nagha estás aquí? - no
obtuvo respuesta, nuevamente reiteró su llamado.
El grueso cortinado
color carmín, que separaba la habitación de la antesala, se abrió y una mujer
de menuda figura apareció, sus vestimentas eran delicadas.
Sobre el cabello
llevaba un largo velo blanco, sujeto por una serie de broches en forma de
flores, por debajo vestía un delicado caftán en tonos rojizos y rosados, ceñido
en la cintura por un corsé metálico con engarces en diamantes y rubíes.
Una fina gargantilla
con una gran flor en el centro adornaba su cuello, en sus pies y manos llevaba
una notable cantidad de anillos con hermosos trabajos de orfebrería y bellas
piedras, su calzado eran unas sandalias, formadas por lazos de oro.
El pálido rostro era
delicadamente bello, con grandes y bien delineados ojos verdes, los cuales
tenían un brillo enigmático casi hechizante y su pupila ligeramente ovalada,
era tan pequeña que parecía una mancha del iris.
Por debajo del velo
asomaba el rojizo cabello rizado y un delicado y bien cortado flequillo cubría
la frente casi hasta las cejas.
Ella le sonrió
dulcemente –Si pequeña, aquí estoy ¿A qué debo tu visita? -
- Hace tiempo que no
vengo y deseaba saber cómo has estado-
indicó tomando asiento.
- Se podría decir que
bien ¿Y tú? -
- Bien, aunque aún no
he conseguido reconciliarme con mi hermano-
- Pronto lo
harás- señalo Nagha mientras caminaba
hacia el diván –En diez lunas el regresará y traerá no muy buenas noticias, con
esto me refiero a tu persona.-
- ¿Qué quieres decir?
-
- Que no te agradara
saber lo que él tendrá por decir- indicó
en tono calmo. Esbozando una leve sonrisa opinó –Pero esa no es la razón de tu
visita y dado que te has arriesgado por demás, al venir aquí, dime que es lo
que te aqueja-
Kyra medito por un
instante las palabras de Nagha, luego asintió –Es cierto.
La razón es que mi
padre me ha designado un tutor y temo que mi hermano se enfade al saberlo,
porque...-
- Fue quien lo venció-
- Así es- asintió
- Bien, no veo el
problema, si es por Tatsuo, no creo debas preocuparte; ya que cuando regrese ni
siquiera se fijará en ello- opinó.
- ¿Cómo puedes
asegurarlo? - protesto Kyra.
- Yo sé lo que digo
pequeña, pero sin embargo se que no es Tatsuo o su opinión lo que te preocupa-
Sonrojándose Kyra confesó
- No se siquiera por que lo intento, a ti nada se te puede ocultar. ¿Cómo lo
haces? A pesar de estar confinada a esta torre, la cual anula tus poderes, aún
así lo sabes todo-
- No pequeña en eso te
equivocas, yo solo sé lo que se me permite saber y no es un poder, sino una
maldición. Pues mi alma divaga entre los tiempos y solo parte de lo que ve
queda en mi conciencia al despertar.
Pues al parecer, el
manto del destino es muy complejo y por mucho que lo intente jamás sabré
finalmente lo que sucederá y aunque lo sepa me resulta imposible de modificar.
A decir verdad, en
ocasiones me pregunto ¿Si nada dijese o supiera al respecto? ¿Se sucederían del
mismo modo los hechos? - soltando una alegre carcajada la bella mujer opinó -
¿Es una pregunta muy compleja verdad? Creo que a los antiguos les encantaría
debatir al respecto.
Bien pero no es
momento de filosofar, el dorado amanecer se acerca y no creo que tus guardias
duerman demasiado.
Puedo casi asegurarte
que él no es lo que crees y tampoco es el hombre con el que tu padre te
comprometerá.
Me temo mi pequeña,
que tu tutor dista mucho del ser al que te entregaran.
Pero no tremas, tu
padre te aprecia en demasía y solo buscara que todo sea lo mejor para ti, es
por ello que te ordenó entrenar.
Hazlo con todo tu
empeño, porque te será de mucha utilidad.
Ahora dime ¿Cual es el
nombre de tu tutor? Porque aunque yo pueda saber que él es una gran persona y
un poderoso ser, no consigo descubrir quién es, siento como si lo conociera
¿Pertenece él al clan? -
Kyra negó con la
cabeza –No, su nombre es Rubius, el llego a palacio hace diez años....- comenzó
a explicar, sin prestar mucha atención a la mujer.
Mientras hablaba,
camino en torno a la ventana para verificar que nadie estuviese en los
alrededores.
Pero Nagha no pudo oír
más que su nombre y en ese momento el rostro palideció, las manos comenzaron a
temblarle y debió asirse a su asiento para no caer.
Casi en un murmullo
pregunto - ¿Cómo has dicho se llama? -
- Rubius- musitó Kyra sin voltear.
- No es posible,
el...es quien tu padre ha elegido-
tartamudeo en una mezcla de miedo y sorpresa.
- Eso es lo que te he
dicho- protestó Kyra y se asomó a la
ventana, luego preguntó - ¿Hay algo más que deba saber? -
- No- murmuró ensimismada.
- Bien, pronto volveré,
Adiós- se despidió y comenzó salir por
la ventana, asiéndose de las rocas que conformaban la torre.
De pronto Nagha
reaccionó, se puso de pie y asomando su rostro por la ventana advirtió - ¡Ten
cuidado pequeña, la caída puede ser más vergonzosa que dolorosa!- pero ella no la oyó. Una fuerte descarga la
azotó contra el muro opuesto a la ventana.
La torre entera era su
prisión, por lo que no podía siquiera asomarse sin ser atacada.
Lentamente se puso de
pie y camino hasta un viejo arcón que yacía
escondido bajo su cama, de allí tomo un hermoso broche en forma de rosa
y lo apretó en su mano murmurando con pena - Rubius ¿Por el creador, qué
pretendes de él Ryo? -
Capitulo 3
- ..."Ten cuidado las intenciones pueden ser
engañosas...” -
Nuevamente Rubius
despertó sobresaltado, la voz esta vez sonaba con suma claridad, casi en un
grito exclamó - ¡¿Dónde estás?! ¡¿Por qué me torturas de este modo?! ¿Qué te he
hecho yo? - pero como de costumbre no obtuvo respuesta, molesto consigo mismo
se secó el sudor frío de la frente y salió de la cama vistiéndose.
Ya no deseaba
continuar durmiendo, lo que había comenzado como un extraño sueño se había
convertido en una constante pesadilla, su mente ya no estaba clara. Esa mujer
se había convertido en una obsesión, de una forma u otra debía hallarla y así
descubrir la razón por la que podía oírla en sueños.
Al salir de la
habitación se dirigió a los jardines centrales, pensando que una caminata
nocturna lo liberaría y el aire fresco le aclararía la mente. Al llegar al parque
de los jazmines, pudo ver a Tiamat oculta entre las sombras.
Parada en cuclillas,
sobre una alta rama de un viejo roble, tenía las manos juntas sobre las
rodillas y la mirada estaba fija en el cielo, cubierto por un luminoso manto de
estrellas.
El corto cabello rubio
rojizo se mecía suave, al compás de la brisa nocturna y la vista ciega estaba
concentrada en el cielo, como si sus ojos pudiesen ver más allá de las
estrellas y la oscuridad de la noche.
De no ser por el
brillo de su Katar, él jamás la hubiese notado, pero sin intención de
molestarla continuo caminando, fingiendo no haberla visto. Pero ella lo detuvo
- Rubius, estaba esperándote…- de un
salto bajó de la rama, cayendo de pie a pocos metros de él.
Rubius la saludó con
un leve asentimiento de cabeza.
Antes de que él
pronunciase palabra la mujer lo ataco y tras algunos golpes bien esquivados y
la clara demostración de no querer combatir ella se detuvo.
-¿Por qué no me has
regresado los ataques?-
-Por que no tiene
sentido pelear, si no es necesario, pues al hacerlo solo te estaría revelando
una posible forma de vencerme- señalo.
-Cuentas con
sabiduría, pero ello no te hace más hábil, ni menos despreciable. Puedo sentir
la creciente oscuridad en tu interior, no puedes engañar con una falsa sonrisa
a quien no ve con los ojos-
-No espero agradar a
nadie y con respecto a ello, nunca pretendí engañar a nadie- refutó.
Soltando una carcajada
indicó -A decir verdad, no me interesa qué o quién eres, ni de donde provienes
y menos si los antiguos te han enviado.
He oído que mi padre
ha depositado su entera confianza en ti, pasando por alto incluso la opinión de
sus propios hijos.
Sé también que te ha
encomendado entrenes a Kyra y veles por su seguridad.
Lo cual no es una
tarea fácil de realizar, dado que ella es tan obstinada como orgullosa. Por lo
que he de advertirte que si le causas el más mínimo daño, será conmigo con
quien te las verás.
Recuerda bien, que
puedo no ser tan hábil o poderosa como tú, pero si más persistente y
traicionera.
Tu perteneces a la
oscuridad y esos son mis dominios, solo recuerda que si le causas algún daño
juro que allí estaré asechándote y lo que te habrá de suceder no tendrás tiempo
de asimilarlo- sin decir más de un salto
retornó a su apartado y oscuro lugar, fijando nuevamente la vista en cielo.
Riendo para sus
adentros meneo la cabeza y decidió no refutarle, no era momento de agregar un
nuevo enemigo entre los dragones.
Ya casi estaba por
presentarse el alba y se disponía a retornar a sus aposentos, cuando noto una
figura asomar desde la ventana perteneciente a la torre dorada.
Sin darse cuenta había
penetrado en una de las zonas que le habían sido prohibida.
Preocupado por que
pudiese ser un espía del clan Gen, se dirigió al lugar, pero no pudo verle bien
sino hasta que salió de entre los arbustos y rosales que formaban el espeso
laberinto.
Al llegar a la base de
la torre pudo identificar al intruso, que en realidad no lo era.
Llevando la mano a la
frente se froto la sien y suspiro preguntándose que se proponía ahora esa
rebelde jovencita.
La intrusa era nada
más ni nada menos que su aprendiz, la pequeña testaruda, como la había
bautizado para sí.
Con asombro y
admiración la observo escalar hábilmente los muros de la torre, pero cuando
Kyra se encontraba a medio camino de descenso, resbalo y cayó sin poder
aferrarse a nada.
Moviéndose a una
increíble velocidad Rubius saltó, a tiempo de recibirla, evitándole la caída.
Ni bien Kyra resbaló
apretó los ojos y recién los abrió cuando su salvador toco el suelo, al verlo
no pudo emitir sonido, tan solo se quedó con la boca entreabierta y los ojos
desorbitados de sorpresa.
En ese momento lo que
menos interesaba era lo vergonzoso de la caída, sino el hecho de haber sido
vista saliendo de la torre y sobre todo por alguien que tenía tanta cercanía
con su padre.
De haber sido un
soldado, le ordenaría guardar el secreto - ¿Pero como conseguiría que él lo
hiciera? -
Esbozando una sonrisa
amable, Rubius consultó - ¿Se encuentra bien? Espero no se haya hecho daño-
tras su silencio cuestionó - ¿Que estaba haciendo, pudo haberse lastimado? - y
por un largo instante se quedo viendo la
tierna y asustada expresión en esos bellos ojos de amatista.
Sonrojándose, musitó
en tono bajo - Estoy bien- y posando la
vista en los brazos que la aferraban con firmeza, sugirió en tono seco –Ya no
me caeré, puede bajarme ¿No le parece? -
Rubius levantó una
ceja con desconcierto, más que aliviada por ser salvada, parecía enfada.
Depositándola en el
suelo señalo –Lo siento, pero creí prudente evitarle el dolor de la caída-
Enfundándose en su
abrigo Kyra comenzó a decir - Le suplico...-
y se interrumpió, en ese momento las palabras de su hermano retornaron a
su mente como si fuesen truenos "Jamás debes suplicar" frunciendo el
seño pensó la forma en que afrontaría la situación y lo primero que se le
ocurrió fue intentar voltearla a su favor.
Viéndolo con expresión
sería lo instó - ¿Que se supone hace usted aquí? ¿Acaso no sabe que esta es una
zona prohibida? -
El la vio de reojo, en
un segundo pudo descubrir el ardid - Supongo que lo mismo que usted ¿Ahora me
puede explicar que es lo que hace aquí? -
- Yo...yo...yo solo
estaba paseando y…- ella hizo una pausa,
su tono de voz sonaba nervioso, enfadándose al ver que la situación se había
volteado en su contra exclamó - ¡A usted que le importa! ¡Este palacio me
pertenece y estoy en todo el derecho de divagar por donde se me dé la gana!
Ahora y con su permiso
me retiro - sin decir más y con paso apretado se regreso a sus aposentos.
Rubius la siguió de cerca
y antes de que entrase en el ala este, señaló - Recuerde que la espero al alba,
en el patio de armas -
Kyra se detuvo por un
instante, pensó en decir algo, pero sabía que eso también podría voltearse en
su contra, apretando los puños con enfado continuó su caminata.
Él soltó una
carcajada, realmente era increíble, aún no podía creer lo bien que ella había
hallado la forma, de evadir toda pregunta.
Al llegar a sus
habitaciones, los guardias aún dormían,
sigilosamente entro, pero para su sorpresa Delfos estaba despierto y caminaba
nerviosamente de un lado a otro en la antesala.
- ¿Princesa, donde se
había metido? La he buscado por todo el palacio-
Dejando sobre el
sillón su abrigó, dijo en tono indiferente - Fui con Nagha-
- ¡¿Pero por qué se
marchó sin mi?! ¿No sabe cuán preocupado me hallaba?-
-Delfos no seas
molesto, no me sucedió nada, además no necesito que todo el tiempo estés detrás
de mí, ya no soy una niña-
- Pero pudo haberle
ocurrido algo ¿Como he de saberlo? - protesto el Elfo.
- ¡Basta! ¡No estoy de
humor!- lo regaño tomando asiento
Apenado consultó -
¿Que ocurre, ya no le he de ser útil? ¿Dígame que eh hecho para que ya no me
desee como su guardián? -
Soltando un suspiro
ella lo vio con mirada comprensiva, después de todo Delfos había estado a su
lado desde que tenía uso de razón y era lógico que se preocupase - No es eso
Delfos, perdóname. Es solo que no quise despertarte, además sabes que no puedes
entrar en los jardines de la torre dorada-
- Entiendo, pero
también debe comprender mi preocupación. Imagine si alguien la descubriera. No
solo sería castigado por no haberla detenido, sino que usted sería seriamente
reprendida.
Aunque no le agrade
debe dejar de visitar a la señora Nagha y no es mi seguridad la que preocupa
sino la suya-
- ¡Delfos, eso está
fuera de discusión! ¡Yo jamás abandonaría a Nagha! ¿Cómo puedes hablar de ese
modo? ¿Acaso no vez lo triste que es su vida? Ella se haya confinada, quien
sabe porque, a vivir en ese lugar aislada de todo lo que le rodea.
Sufre por un pesar que
nadie recuerda, acusada de un pecado que pago hace ya mucho tiempo y con
creces. Tanto que ya nadie recuerda cuando ni porque.
Sé que mi padre fue
misericordioso al alojarla en su palacio, pero la vida que lleva en esa torre
no es tal, y yo solo intento apaciguar ese tormento con mis visitas.
Además no olvides que
fuiste tú quien me habló de ella, por lo que ahora no puedes culparme.
Al dejar de visitarla,
estaría siendo tan cruel o más que aquellos quienes en su momento le voltearon
la espalda.
¡No puedo
permitírmelo!
Ella me aprecia como
si fuese su hija y no tiene a nadie más-
Soltando un suspiro
Delfos asintió - Es cierto princesa, disculpadme por siquiera mencionarlo.
Realmente es una pena
lo que debe sufrir tan bella criatura como Nagha. Aunque vagamente recuerdo su
rostro, fui quien la acompaño hasta la entrada de la torre dorada-
Poniéndose de pie Kyra
se dirigió al interior de la habitación - Me recostaré por un rato-
Al despertar, era casi
medio día, sobresaltada salió de la cama.
En la antesala Delfos
caminaba de un lado a otro con marcado nerviosismo.
Ella llamó de
inmediato a sus esclavas para que la ayudasen a vestirse y salió protestando
mientras una de ellas le peinaba el cabello - ¡Delfos como no me has
despertado!-
- Princesa, solo el
creador sabe que lo intente mil veces y me resulto imposible-
Kyra, en la noche, no
había podido conciliar el sueño y nada había descansado; por lo que cuando se
recostó con intención de dormitar, se durmió tan profundamente que ni Delfos
fue capaz de arrancarla de su sueño.
- ¡Esto es una
catástrofe!- opinó - ¡Ahora no solo mi
padre se enfadará, sino que mi tutor me creerá perezosa!-
- Estoy seguro que la
comprenderá- indicó Delfos intentando
tranquilizarla.
- ¡Tú no sabes lo que
dices!- mascullo.
- Pero usted jamás
suele ser perezosa- la excuso
- ¡Pero el Señor
Rubius no lo sabe!- En realidad lo que
más preocupaba a Kyra, era lo que había sucedido en la madrugada.
Ella había pensado
hablar con él durante el entrenamiento, pero ahora temía que Rubius hubiese ido
a hablar con su padre antes de ello.
Al salir de las
habitaciones, vio a Rubius sentado en el patio interno, junto a la fuente de
agua.
El tenía un viejo
libro en sus manos y parecía estarlo leyendo con suma atención.
Ella no sabía que
decir o hacer, deseaba preguntar pero no se atrevió. Pensando en ir
directamente a presentar sus disculpas al rey, pasó sin hacer el más mínimo
ruido.
Antes de que terminase
de cruzar el patio, él la detuvo - Veo que ya ha despertado- dijo sin quitar la vista de su lectura.
- Si…no… yo…- balbuceo.
- Aunque no me parece
correcto, debo recordarle que a partir de ahora deberá obedecer lo que se le
pida y lo primero es acudir a primera hora del alba a su entrenamiento- indicó en tono serio pero respetuoso.
- ¡Por supuesto que no
es correcto que usted me imparta una orden!-
refuto ella volteando a verlo con enfado.
- Se equivoca, cuando
dije que no me parecía correcto, me refería al hecho de tener que recordarle,
señorita Kyra - dijo él aguantando una
carcajada, no le agradaba tener que tomar el papel de tutor serio y exigente,
pero sin otra opción lo haría.
Al parecer ella no
estaba acostumbrada a recibir órdenes, ni mucho menos a cumplirlas y la única
forma de entrenarla correctamente, era si seguía sus lecciones al pie de la
letra.
Con la vista aún en el
libro volteo la página y agregó - Le sugiero que durante las noches descanse
debidamente, en lugar de divagar por los jardines, haciendo maniobras
peligrosas, como escalar una torre prohibida-
Al oír esto Kyra se
tensó, el lo noto y señaló - No tiene porque temer, aún no se lo comunique a su
padre.
Creí conveniente
acordar con usted que no es necesario informarlo de los pequeños inconvenientes
que puedan surgir de su rebeldía incontrolable.
Aunque le recomiendo
no repetir esas travesías o me veré obligado a hacerlo-
- Se lo
agradezco- musito ella.
- Muy bien, dado que
ya se encuentra despierta es pertinente recuperar el tiempo perdido -
- Me parece adecuado
- asintió y comenzó a caminar nuevamente.
- ¿A dónde va? -
pregunto en tono divertido.
Viéndolo por sobre su
hombro respondió - Al patio de armas-
- ¿No le he dicho que
debe hacer lo que se le pida? -
Conteniendo la
respiración por un instante asintió en silencio y le clavó una mirada desafiante,
entre dientes pregunto - ¿Qué debo hacer ahora? -
- No veo lleve con
usted la alabarda que su padre le entregó-
- Porque pienso
comenzar con las armas que ya he practicado-
indicó en tono triunfal - Las espadas-
- No veo las lleve
consigo-
Haciendo un rápido
movimiento las tomo de entre los pañuelos que conformaban su falda - Se
equivoca, aquí están-
- Muy bien, lo que
quiero que haga es lo siguiente - tras pensarlo unos instantes señalo la fuente
de cristal - Ve la sima de la fuente -
En el centro se
hallaba una hermosa ave, con las alas abiertas y la cabeza apuntando al cielo
–Bien quiero que se
pare allí, sobre la cabeza del ave, más precisamente sobre el pico, en puntas
de pies, y sosteniendo ambas espadas, extienda los brazos a los lados-
Ella levantó una ceja
con desconcierto, encogiéndose de hombros camino hasta la fuente y de un salto
subió a la sima, allí extendió ambos brazos con las espadas en sus manos -
Listo- casi riendo opinó - Si este es el
duro entrenamiento que me proporcionara...-
- Muy bien- la interrumpió - Ahora se quedará allí el
mismo tiempo que lo hizo en la cama- Kyra atisbó a protestar, el negó con la
cabeza - En completo silencio-
- Pero...-
- En un solo pie, el
otro quiero que lo pose sobre su rodilla-
- ¡Esto es un
absurdo!- exclamó.
- ¿Prefiere hable con
su padre para que él se lo ordene? - preguntó.
Ella soltó un
resoplido de protesta y accedió.
- Le advierto que si
se mueve o habla, el tiempo se duplicará con cada palabra- advirtió. Luego retomo la lectura sentándose
en el banco frente a la fuente.
Kyra se mantuvo
inmóvil como si fuese una estatua, pero su mirada estaba enardecida de furia.
Rubius sabía que la
orden era ridícula, pero de algún modo debía domar a la joven fierecilla.
Haciéndola obedecer
esa orden, por absurda que fuera, era la mejor forma. Dado que si hubiesen ido
al patio de armas ella habría intentado lucirse y él no deseaba ponerla en
ridículo frente a nadie.
Delfos había oído la
conversación y rebalsaba de ira, al ver como estaba siendo tratada la princesa.
Luego de varias horas
de verla, allí parada, no pudo soportarlo y más que enfadado irrumpió en el
patio enfrentando a Rubius - ¿Que se supone está enseñando a la princesa? - Al
no recibir una respuesta lo instigó - ¿Acaso esta burlándose de ella? -
volteando hacia Kyra pidió –Princesa, por favor baje de allí ¿Como permite que le falten el respeto de
este modo? -
Ella se mantuvo
inmóvil.
– ¡No puedo permitir
que se la trate así, iré a hablar con su padre!- exclamó ya fuera de sí y se dispuso a salir
del lugar.
- ¡Detente
Delfos!- ordenó.
En ese momento Rubius
levanto la vista del libro y negó con la cabeza, soltando un suspiro se dirigió
hacia Kyra –Al parecer no comprendió mi advertencia ¿O acaso es una tarea muy
difícil de realizar?
Tal vez deba creer que
usted no se halla preparada para recibir algún tipo de entrenamiento riguroso,
ya que es demasiado débil como para soportarlo-
Ella maldijo para sí,
viéndolo con enfado negó con la cabeza –Señor Rubius, en ello se equivoca yo nada
tengo de debilidad y se lo puedo demostrar- en torno a Delfos indicó –Te
agradecería no vuelvas a intervenir, se me indicó hacer esto y tu o lo que
pienses no tienen injerencia-
- ¡Pero esto es
ridículo!- protestó él
- ¡Por tu culpa,
Delfos, mi tiempo se duplicara! ¡Te agradecería no vuelvas a interrumpir! ¡Lo
que tengas que decir, lo dirás en su adecuado momento! Ahora retírate y no
vuelvas a molestar- finalizó en tono
tajante y retornando a su posición volvió a guardar silencio.
Kyra, había tomado la
absurda orden como un desafío. Estando ahora segura de que su tutor pretendía
demostrar que ella era débil e incapaz.
Tal y como lo había
dicho, Rubius, la hizo quedarse en ese lugar hasta el anochecer.
Finalmente y
complacido de que no hubiese emitido una sola queja, se despidió luego de
indicarle que ya había cumplido con su penitencia y en la mañana la esperaría
para comenzar a entrenar.
En la noche ella
reprendió seriamente a Delfos por haber intervenido y por la mañana se levanto
antes de que las primeras luces comenzaran a aflorar, dirigiéndose directamente
al patio de armas.
Kyra ya había tomado
el asunto como una guerra personal, su tutor, había mostrado sus cartas y ella
le demostraría que lo podría sorprender.
Para cuando él llegó,
Kyra estaba en el patio y se encontraba practicando.
El la observó en
silencio sin que lo notase - La técnica era buena- pensó –Pero tenía sus
falencias-
En lugar de utilizar
una de las armas para atacar y la otra para defenderse, ella empleaba ambas con
el mismo propósito, tomando las empuñaduras hacía adentro, dejaba la mayor
parte del tiempo la hoja sobre los antebrazos, lo que reducía su defensa ante
un ataque desde el frente y descuidaba mucho la zona baja del vientre, así como
la retaguardia.
Pero no podía decirlo
abiertamente, sin enfadarla, dado que estaría sugiriendo que su hermano no la
había entrenado debidamente. Por lo que prefirió hacérselo ver con sutileza.
Lentamente se acercó,
viéndolo de reojo Kyra continuó su práctica.
- Muy bien, veo que
tiene un buen dominio y velocidad- la felicito
- Esto es solo un
calentamiento- se jactó.
-Siendo así creo que
esta lista para comenzar-
Kyra asintió y observo
que él, si bien vestía un atuendo de similar confección que la última vez, esta
vez era de un verde oscuro y los ribetes de los puños y cuello eran de un
amarillo claro.
Algunos soldados
entrenaban en un lugar apartado y de reojo los observaban con curiosidad, no
era habitual ver a una mujer en ese lugar y menos a la princesa.
Ella se paró con ambas
espadas dejando las hojas paralelas a sus piernas. Él lo hizo a una distancia
no muy lejana, pero no se encontraba armado.
Con aire de
superioridad cuestionó – ¿Señor Rubius que pretende al no traer arma alguna? -
El sonrió – No se
preocupe por mí, usted ataque sin fijarse en ello -
- Como lo desee - rió
triunfante y haciendo una leve reverencia se lazó al ataque.
De un salto y en el
aire lanzó una de las espadas y la tomó nuevamente haciéndola girar, de modo
que esta quedase con la hoja hacia el frente. Pero al caer atacó con la que
tenía tomada de modo que la hoja acompañaba el antebrazo en lo que consideró un
perfecto ataque a ambas partes del cuerpo, la superior y la inferior. Al quedar
frente a él, la espada derecha amenazaba el cuello y la izquierda al vientre.
Él lo único que hizo
fue esperar el ataque y al verla acercarse adelanto ligeramente la pierna
derecha.
- Está muerto- señalo
en tono burlón, luego pregunto – ¿Por qué no se cubrió? ¿Acaso fue demasiado
rápido mi ataque como para que no lo viera?-
- Se equivoca, no lo
hice porque no fue necesario- señaló él.
Ella levantó una ceja
con descreimiento - ¿Qué pretende decir? -
- Que su ataque, no
fue lo efectivo que usted cree- señaló.
Con enfado lo instó –
Bien entonces ¿Dígame que hará, para moverse sin ser herido? -
- Esto - dijo
secamente y antes de que ella pudiese reaccionar le dio un fuerte puñetazo en
medio del vientre, haciéndola doblarse del dolor.
Inmediatamente se
disculpo ayudándola a enderezarse – Lo siento, no medí la fuerza, le pido me
disculpe - Realmente se había excedido, olvidando que ella no era tan fuerte
como para soportar tamaño golpe.
- Estoy bien - musitó
intentando recuperar el aire y se alejó.
Reposicionándose tomo
ambas espadas del mismo modo, dejándolas a los lados del cuerpo e indico –Ya
podemos continuar-
- ¿Está segura? -
preguntó un tanto apenado por su brusquedad. De hecho no estaba habituado a
luchar contra una mujer.
Ella no respondió, de
inmediato se lanzó al ataque, esta vez en la dejo avanzar un poco más,
limitándose solo a esquivar las embestidas.
No quería desalentarla
por lo que por un momento la dejo creer que tenía el control. Finalmente cuando
Kyra dejó, por décima vez, descubierta su guardia el decidió que ya había sido
suficiente.
La princesa estaba
segura que no podía fallar, dando un salto atacó desde arriba con la espada
derecha y con la izquierda el costado. Para su sorpresa Rubius la esperó sin
siquiera dar atisbo de esquivar el ataque, lo que la llevó por un instante a
dudar.
Con tan solo dos dedos
él detuvo la espada, que atacaba desde arriba y con la otra mano detuvo el
embiste de la segunda espada, sujetando la muñeca de Kyra. Inmediatamente ella
quedó inmovilizada, pero para empeorar, con la pierna que tenía adelantada
barrió las de ella haciéndola caer de espaldas y le quitó ambas armas.
Enfurecida se puso de
pie y soltando una gran expulsión de energía lo lanzó por los aires.
Aquello lo tomo
desprevenido, pero no fue nada que no pudiese controlar, mediante la levitación
se sostuvo en el aire.
Al ver hacia donde
ella se encontraba, su imagen le causo gracia.
Kyra se veía
completamente enfadada y sus mejillas habían tomado un tono rosado a causa de
la agitación, los bellos ojos violáceos se habían tornado brillantes y la
pupila estaba contraída, el blanco cabello se había soltado y le recaía
desordenadamente sobre los hombros.
Empujándolo hacia
atrás, se posicionó en guardia desafiándolo a luchar, cuerpo a cuerpo,
repitiéndose para sí –No vencerá, no puedo dejarlo vencer-
Lentamente Rubius
descendió y se quedo por un instante viéndola, riendo indicó en tono bromista
–Veo que la fierecilla ha desatado su ira-
Pero en lugar de
tomarlo como una broma, ella se ofendió y dando un grito de enfado se lanzó a
pelear, él la esquivo y tomándola por la muñeca le giró el brazo sobre la
espalda inutilizándola –La ira no es una buena consejera- señaló.
Con fuerza Kyra clavó
su talón sobre el pie de él, logrando que la soltase.
Casi riendo indicó
–Eso no es justo-
- ¡En un combate nada
lo es!- se excusó, lanzando una patada hacia el bajo vientre.
Rubius le sujeto el
pie con ambas manos, pero ella respondió inmediatamente y dio un salto
golpeándolo en el mentón con su pierna libre, el se sacudió retrocediendo,
realmente eso no lo esperaba.
El combate se prolongó
por largos minutos y Kyra demostró ser más hábil en ese tipo de lucha, que con
las espadas, aunque no tanto como su tutor.
Luego de haberla
golpeado, con demasiada fuerza, en tres ocasiones y haberle dicho que ya era
suficiente, Rubius se enfadó.
Moviéndose a una gran
velocidad, de estar a su frente paso a estar detrás y sujetándola de las
muñecas le cruzo los brazos en el pecho.
- ¡Suélteme!- exclamó
jadeante.
- No hasta que te
calmes- indicó en tono amistoso –Ya te he pedido tres veces que te detuvieras y
no obedeciste-
- ¡El combate aun no
terminó!- alegó forcejeando.
- Si termino, solo
mírate estás exhausta-
- ¡Aún puedo pelear!-
jadeo sin dejar de retorcerse y forcejear.
Intentando librarse,
ella le propino un fuerte mordiscón en el antebrazo, pero él no cedió.
–Deténgase de una vez
o me obligara a castigarla-
Para ese momento los
soldados habían comenzado a rodearlos, curiosos y preocupados los veían con
desconcierto.
- ¡Le ordeno que me suelte!- gritó ella
Él soltó un brazo y le
sujeto el rostro por el mentón obligándola a verlo directamente a los ojos -
Debería darse cuenta de sus propias limitaciones y aceptar que no puede ganar
¿Que es lo que pretende, terminar herida, para descubrirlo? - la regaño
Kyra se sorprendió,
nunca nadie a excepción de su padre o hermano le había levantado la voz, ni
mucho menos se le habían aproximado tanto y en esta ocasión prácticamente podía
sentir su respiración en el rostro.
Por un instante no
supo cómo reaccionar, pero el enfado fue más fuerte que la sorpresa y reacciono
propinándole un fuerte bofetón - ¡Le ordeno que me suelte!- exigió en un grito
histérico.
Un joven soldado
perteneciente a la guardia, que custodiaba sus aposentos, se adelanto de
inmediato, espada en mano consultando -¿Necesita ayuda princesa? Simplemente
ordénelo y todos atacaremos- el resto de los soldados se hallaban listos a
colaborar, pues se los veía furibundos al ver la forma en la que la princesa
estaba siendo tratada.
En ese momento Rubius
la soltó y volteo para marcharse, se encontraba furioso.
Kyra ignoró al soldado
y corrió tras su tutor, de un salto se le adelantó impidiéndole el paso.
- ¿Qué pretende con
esto, armar un escándalo? - preguntó viéndola seriamente
- ¡Demostrarle que no
soy débil, puedo enfrentarlo sin problemas y no necesita estarse preocupando si
saldré herida o no! ¡Deje de tratarme como si fuera un objeto que pudiese
romperse y pelee de una vez!- Bramó.
- Yo no estoy aquí
para combatir con usted, sino para adiestrarla. Si un combate es lo que desea,
bien primero siga correctamente su entrenamiento y al final de este se lo daré.
Antes de ello, lo
único que conseguirá es salir inútilmente herida y si no puede comprender que
no soy su enemigo, ni mucho menos su sirviente, no hay nada que yo pueda hacer.
Así que ya deje de
hacer el ridículo, porque lo único que ha demostrado al momento, es ser una
gran niña caprichosa- indicó con enfado.
Kyra apretó el puño
dispuesta a atacar, pero se contuvo a último momento, sin decir palabra dejó la
posición de ataque y tras ver a su alrededor fijo la vista en el suelo.
Todos los presentes la
observaban expectantes.
Rubius meneo la cabeza
en desacuerdo, ella no lamentaba el mal comportamiento sino la vergüenza ante
los espectadores – Quiero que medite acerca de lo que le he dicho- indicó y se marchó.
No bien el se marcho
del patio de armas ella se regreso corriendo a sus aposentos, con los ojos
llenos de lagrimas.
Rubius se dirigió a
sus habitaciones, estaba furioso no solo con ella, sino consigo mismo, por no
haber manejado adecuadamente la situación.
Kyra era la persona
más orgullosa y testaruda que jamás había conocido.
Caminando de un lado a
otro se preguntó la forma de ganar su confianza o al menos conseguir su
atención.
Por lo que había
visto, ella era muy hábil e inteligente, podría convertirse en una magnifica
guerrera, sobre todo por su hostil y orgulloso carácter.
Pero su testaruda y
caprichosa actitud podrían llevarla a la perdición. Conociendo a Zeros, sabía
que más que nunca necesitaría de un formidable entrenamiento.
Sin poder hallar una
solución, comenzó a preguntarse si no sería mejor hablar con su padre para que
buscase un nuevo tutor. Más luego se dijo que no podía hacerlo, ya que debía
cumplir con la promesa y solo así obtendría las respuestas que tanto ansiaba.
En ese momento su
mente comenzó a divagar intentando desenmarañar sus propias intrigas.
En la charla con el
rey, este le había revelado que era un descendiente de los dragones oscuros.
Por lo que uno de sus progenitores debía de serlo y el otro sería un hijo de
los dioses, ahora la pregunta que lo aquejaba era cual de los dos sería su
padre ¿El demonio o el ser celestial?
Mientras tomaba
asiento en un hermoso sillón crema se dijo –De ser mi padre, esa podría ser la
razón de mi abandono en el bosque encantado. También cabe la posibilidad de que
esto fuese un ardid de mi madre para intentar salvarme - ¿O tal vez de mi
padre? - negando con la cabeza opinó –No, ha de haber sido un movimiento
desesperado de mi madre-
Rubius, cientos de
veces había intentado imaginar a su madre y siempre lo había hecho como a una
dócil y bondadosa criatura, no podía concebirla malvada