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domingo, 22 de agosto de 2021

Posted by Ana Martinez On agosto 22, 2021

 


Autor: Kyra Vangler

Genero: Accion, Fantasia, Romance, Artes Marciales, Maduro
Sinopsis: Por más de un milenio el clan conocido como Ryūjin o los Dragones divinos, y el Hi no ōkami, clan de los lobos del fuego; se habían enfrentado ferozmente en batalla. En la actualidad ambos clanes contaban con serios conflictos internos, causados tras milenios de guerra y esta tregua era el mejor modo de resolverlos, antes de llegar a una destrucción total.
Aprovechando la creciente debilidad del Ryūjin, el Clan Nagamushi iniciósu ataque desde las sombras.


Capitulo 2

 

- “…Estas tan cerca y la vez tan lejos …”-

 

Incorporándose bruscamente, Rubius despertó gritando -¡¿Dónde estás?!-  nuevamente había sido un sueño, era la misma voz que noche tras noche lo atormentaba con sus llantos, pero en esta ocasión podía oirla con suma claridad.

Aferrando con fuerza las cobijas murmuro –Solo dime dónde estás-  y dirigió su vista hacia la ventana, aún era de noche.

Aquello que inicialmente había empezado como un sueño comenzaba a convertirse en pesadilla.

Noche tras noche y cada vez con mayor frecuencia, oía a aquella mujer sollozar, en ocasiones hasta podía sentir su pesar.

Soltando un suspiro recostó nuevamente la cabeza sobre la almohada, fijando la vista en el techo.

 

Cuando comenzaba nuevamente a quedarse dormido, de reojo vio hacia él balcón y por un segundo pudo ver una figura borrosa en la penumbra.

Era una mujer de menuda figura, envuelta en un enorme manto. El viento sacudía suavemente el rizado cabello, pero eso fue todo lo que consiguió divisar, antes de que pudiese reaccionar la imagen había desaparecido.

 -  … ¿A qué temes más? ...¿A jamás conocer la verdad o tal vez a descubrirla?…-  se oyó su pregunta alejada.

- No te vayas-  suplicó, pero no obtuvo respuesta. Tomando asiento en la cama reflexionó acerca de lo que oyó y vio, preguntándose si esto no había sido producto de su imaginación. En ello pasó el resto de la noche.

Pasada media mañana salió de sus habitaciones y fue informado de que el rey lo requería con urgencia.

 

En el llamado salón de guerra se encontraron, el anciano tenía el semblante sombrío y sostenía entre sus manos un rollo. Según pudo notar al ver el emblema de la tela, este provenía del Hi no ōkami.

Aunque ambos habían trabado una gran amistad, a causa de que Rubius había salvado la vida del rey en una ocasión, no solían verse muy seguido.

- ¿A qué se debe tan urgente llamado? - pregunto con extrañeza Rubius

- Me ha llegado un comunicado de Zeros-

- Ya veo ¿Nuevamente el Hi no ōkami ha declarado la guerra? -

 

El anciano tomo asiento y entrelazo las manos delante del rostro, por un prolongado instante guardo silencio, más luego soltó un suspiro y se dispuso a explicar –Me temo que no, aunque preferiría eso a lo que me han pedido-  luego relató el trato que había firmado hacía ya cinco años, cuando termino señalo –Pero Kyra, aún no sabe absolutamente nada del compromiso-

 

Al oír el nombre, a su mente retorno el recuerdo de aquella bella joven y su sensual danza exótica.

Desde aquella noche, nunca más la había vuelto a ver, pero jamás había olvidado sus bellos ojos de amatista, así como sus dulces y sensuales facciones.

Para si se dijo que era una pena el destino que le había tocado, Zeros no era un ser que se acercase ni remotamente a la piedad y sus dominios eran casi tan oscuros como los de las serpientes.

El era un guerrero innato y un ser incapaz de demostrar el más mínimo sentimiento, ella jamás sería feliz a su lado.

Casi viendo la reacción de la joven, al recibir la noticia, se arriesgo a decir –No creo que le agrade demasiado -

- Ya lo imagino-  musito el anciano meneando la cabeza –Kyra siempre ha sido mi favorita y me temo que ha sido tanta la libertad y consentimiento que he tenido por ella, que de sumisa solo tiene la apariencia.

Si no fuese por su enorme bondad e inocencia, diría que sería una perfecta guerrera, tanto así como su hermana mayor-  con un cierto dejo de tristeza señaló –Pero me temo que sin otra opción deberé obligarla a aceptar el compromiso-

- ¿Entonces, cual es el motivo por el que me ha llamado?- pregunto desconcertado.

-Deseaba pedirte un favor, de estar mi hijo se lo pediría a él, pero bien sabes que se encuentra en el campo de batalla.

Lo que quiero es que entrenes a Kyra.

He sabido de buenas fuentes que la vida no es fácil para las mujeres en el reino de Zeros y con mucha facilidad se deshace de ellas y no quisiera que nada le ocurriese. Por ello quiero la ayudes a controlar sus poderes, llevándola al máximo de su nivel, ya que si algo saliese mal quisiera que escapase ilesa o al menos tenga una oportunidad de hacerlo-

- Me siento honrado con su petición, pero no me creo apto para ser tutor de su hija-  señaló y explicó –Dado que jamás he sido tutor y…-

El rey lo interrumpió –Lo sé, pero no puedo confiarla a nadie más.

Para serte sincero, en estos momentos solo puedo confiar en mí mismo. Dado que hay demasiados problemas internos en el clan y no quisiera depositarla en las manos incorrectas, temo que hay un traidor entre los dragones y no sé de lo que es capaz.

No olvides que ella es un punto clave para mantener la tregua con el Hi no ōkami.

Además, ambos sabemos que no existe ser más poderoso que tu-  al decir esto último, lo vio con expresión seria y ofreció –Si aceptas ser su tutor y velar por su seguridad, a cambio prometo darte lo que tú has buscado por tanto tiempo-

Elevando una ceja con desconfianza preguntó - ¿Y qué es lo que considera he estado buscando? -

- Respuestas-  dijo en tono firme –Yo conozco tus orígenes y mucho más que ello, tú verdadera historia.

Para empezar te confirmare algo que tú mismo ya has de saber o sospechar, pero no es una respuesta sino solo parte de ella -  haciendo una prolongada pausa confesó –Tu eres un hijo de los dioses y un descendiente de los dragones…-

Rubius no pareció sorprendido, por un instante guardo silencio, luego pregunto con suspicacia - ¿Está diciendo que pertenezco a su clan? -

- No - respondió secamente el anciano –Tú no perteneces al Ryūjin, ni remotamente te nos acercas. Pero lo que sí puedo asegurar es que eres un descendiente del traicionero Akuma -

- El dragón negro -  murmuró Rubius

- Así es, hace mucho tiempo cuando se sucedió la primera guerra en los cielos. Akuma, el dios dragón que moraba en la montaña Iral, fue el primero en descender al mundo que nuestros antepasados crearon. Junto a la diosa Baden, mejor conocida como la madre del clan Lumini.

Pero ellos fueron víctimas de un engaño tramado por el señor de la noche, este los utilizó para crear una criatura prohibida, un ser que fuese en parte humano, en parte demonio y tuviese el poder de los dioses, esa criatura se la llamó Zotay.

Para ello tomo la esencia de un demonio Eshva y la colocó en el cuerpo de  una mujer humana, de la cual Akuma había quedado prendado y casi de inmediato busco el modo de procrear a la criatura.

La primera en descubrir la trampa fue Baden, pues en sus sueños vio lo que aquella criatura haría a este mundo si nacía.

Sin embargo Akuma desoyó sus advertencias, ya que sus oídos habían sido envenenados por el astuto demonio que poseía a la mujer.

Tanto así fue engañado, el dios de las montañas, que lucho en contra de Baden e incluso desafió a su propio clan para proteger al nonato.

Sin otra opción la diosa hecho mano a un último recurso y para evitar que esa criatura propagara su mal, lanzo una maldición sobre el niño sin nacer.

Este no podría alejarse de los infiernos o se convertiría en mortal y perdería todos sus poderes si se exponía a la luz del sol.

Cuando Zotay nació y Akuma descubrió la maldición que Baden había echado sobre este, ascendió a los cielos y atacó su palacio.

Los súbditos de Akuma pelearon ferozmente, pero no fueron suficientes como para enfrentar a todas las castas celestiales, quienes se fueron uniendo a la batalla en el transcurso de los años.

Antes de ser vencido por completo, Akuma hizo un pacto con los demonios y a pesar de que se le concedió un enorme ejército fue vencido.

De la sangre que mano de sus heridas nacieron siete dragones negros, ellos se llevaron el cuerpo del dios y en un desesperado movimiento escaparon, protegiendo a Zotay.

Cuando los dragones depositaron el cuerpo del dios entre las montanas este se fundió con la tierra árida creando un enorme bosque negro.

Los Seis Generales divinos intentaron seguirles, pero ellos se ocultaron en el interior, donde el corazón de Akuma creó una puerta al mismo infierno.

Allí resistieron por más de mil años, hasta que finalmente Zotay ya convertido en adulto, llegó a un acuerdo con la diosa. Incluso como muestra de su buena fe, la invitó a sus dominios y le otorgo a ella el poder de controlar las fuerzas de la oscuridad.

Pero aquello solo fue un engaño muy bien tramado y para cuando ella lo descubrió fue muy tarde, pues solo le dio el control de los espectros, quienes a su vez se alimentarían de su fuerza cada vez que los invocara.

 

Habiendo utilizado el falso poder que Zotay le había dado, Baden quedó tan debilitada que no fue capaz de escapar y este corto sus alas y encadeno en lo profundo de sus dominios.

Ofreciendo liberarla solo si rompía la maldición que sobre su alma pesaba, ella se negó y desesperada recurrió a su último recurso, el suicidio. Pues temía que si continuaba debilitándose, cediera a sus peticiones.

Antes de caer muerta, Baden fundió su alma con la espada Lumineis, para así poder hallar a quien venciera a Zotay.

Hoy día los descendientes de Akuma y Zotay, aunque sean dragones, han nacido en los infiernos y son considerados demonios -

- ¿De ser así, como es posible que yo esté aquí? - pregunto con desconcierto.

-Porque aunque tú no cargas su misma maldición. En este momento llevas en tu sangre el poder del cielo y el infierno, pero uno de ellos aun no ha despertado y cuando lo haga no sé si serás capaz de controlarlo-

Dejando su postura distante Rubius lo instó - ¿Si lo sabe, dígame quienes son mis progenitores, porque me…? - 

El rey lo interrumpió elevando la mano – Todo a su debido tiempo. Ya he dicho mucho más de lo que debía, ahora tu deberás entrenar y proteger a mi adorada hija y cuando su entrenamiento sea completado te daré el resto de las respuestas.

Solo pido hagas un único juramento y lo selles con tu vida si es necesario-

- Así lo haré-  respondió rápidamente.

- Se que Kyra es bella y joven, tal vez sea la más hermosa de todas las dragonas.

Aquella noche mientras danzaba, note cuanto te atrajo y jamás te la hubiese ofrecido de saber quién era.

Así que te pido jures, nunca posar tus ojos en ella, porque te aseguro que nada te salvará si lo haces.

Tú no lo sabes y creo que tampoco eres culpable, pero tú nacimiento fue un accidente, un error, quizás el más grande pecado que pueda haber cometido un ser celestial y por nada deberá repetirse.

Por ello jamás deberás dejar descendencia en este mundo o cualquiera de los existentes.

Si osas tenerla, serás ejecutado junto con ellos y no es solo mi decisión, sino una orden impartida a todos los clanes a través de los antiguos-  al terminar de decir esto lo instó - ¿Aún quieres tus respuestas? Porque si las quieres deberás jurar lo que te he pedido-

 

Rubius lo meditó seriamente, hasta el momento no había contemplado la idea de tener descendencia.

Considerando que no lo necesitaría, la curiosidad fue más fuerte que su razón. Con completa seguridad asintió –Acepto-

- Si faltas a tu palabra, serás maldito por la eternidad, condenado al sufrimiento y la desolación-  invocó el Rey dragón y lanzó el conjuro sobre Rubius –Ahora puedes marcharte, en la tarde hablare con ella para que comiencen mañana a primera hora con su entrenamiento.

Recuerda que no contamos con mucho tiempo, Zeros la ha reclamado y en doce lunas estará aquí para conocerla-

 

Kyra se encontraba sentada frente a un gran espejo dorado y una esclava le cepillaba el cabello.

La joven confesó con timidez –Señorita, usted tiene el cabello más bello que jamás he peinado-

Ella asintió indiferente, la larga y sedosa cabellera blanca le llegaba hasta poco más de la cintura, lacia por completo, terminaba en finos rizos ondulados.

En la puerta se oyeron tres golpes –Adelante-  invitó en tono des airoso y soltó un suspiro, se encontraba sumamente aburrida.

 

Delfos entro cargando un azulado corsé metálico de fina y delicada confección, adornado en su totalidad por pequeñas piedras celestes en forma de óvalos y finas faldas de gasa se extendían desde la base de este.

Varios sirvientes lo siguieron cargando, un par de brazales de igual confección y las otras partes que conformaban la armadura.

Al ver la armadura depositada sobre la cama, ella se sorprendió, luego de despachar a los sirvientes preguntó a Delfos - ¿Y esto a que se debe? -

El esbozó una misteriosa sonrisa.

Con los ojos iluminados de alegría preguntó - ¿Ha regresado Tatsuo? ¿Dime, el la envió? - sin dejarlo responder se puso alegremente de pie y tomo el corsé –Es perfecta. Yo sabía que me perdonaría ¡Si, estaba segura! ¡Qué alegría, esto debe significar que reanudará mis entrenamientos!-  exclamó alegremente dando un giro, pero al ver el semblante de Delfos se preocupó - ¿Qué ocurre Delfos? -

- Me temo señorita que no fue su hermano quien se la envió-

- ¿No? - preguntó y su expresión se tornó preocupada - ¿Qué sucedió? No vas a decirme que…- llevando las manos a su boca se detuvo sin poder pronunciar las palabras, sin querer perder el tiempo, dejó el corsé de lado y camino hasta Delfos.

- Yo…-  comenzó a decir él, pero ella lo interrumpió posando las manos a los lados de su cabeza, en unos segundos leyó su mente.

- Fue mi padre-  musitó con desaliento.

- Así es, el dijo que el día de mañana usted comenzará su entrenamiento-

- Si pero yo solo deseo entrenar con mi hermano y él se encuentra en el campo de batalla- señalo con tono de enfado –No aceptaré-

- No creo que a su padre le agrade una negativa. Además no se desaliente, él la espera en la sala del trono, tal vez sea el mismo quien decida entrenarla y es por ello que la ha mandado llamar-

Con esas palabras Kyra se sintió más que alentada y casi de inmediato comenzó a vestirse con la nueva armadura.

 

Al terminar de ajustar el corsé en la cintura, Delfos opino –Se ve bellísima-

El ceñido corsé metálico le quedaba a la perfección y cuidadosamente había colocado la falda violácea debajo de este.

Sabiendo los problemas que esta atraía, Kyra le había hecho algunas pequeñas modificaciones, abriéndola a los lados y convirtiendo la falda en pañuelos sujetos al corsé, dejando entrever sus largas y bien formadas piernas de suave y blanca piel.

El sostén era plateado y calzaba a la perfección sobre sus firmes y turgentes senos.

Los brazaletes cubrían la totalidad de sus antebrazos y sobresalían en los codos terminado en redondeadas puntas, orlados sobre las muñecas con tres piedras de un profundo violeta intenso, combinando a la perfección en diseño y color con los que llevaba en las piernas.

La capa tenía una sobre capa y caperuza, todo el borde era continuado desde el principio al fin exquisitamente bordado en finos hilos de oro.

Para coronar la vestimenta, una esclava sujeto en una alta cola el blanco cabello, con un ancho broche en forma de cilindro.

La única parte que de esta quedaba suelta, eran dos mechones a los lados, cortados delicadamente a la altura del mentón y su poblado flequillo, el cual solía en rebeldía, separarse formado un corazón en la frente. Dejando al descubierto su violácea piedra Zen.

- Era de esperar-  se jactó ella

 

Al salir, fue con paso apretado y una gran sonrisa en dirección a la sala del trono.

Al llegar espero a que su padre aceptase la visita, con impaciencia.

Ryo se hallaba sentado en el trono, ubicado en una alta tarima, jamás se permitía que nadie estuviese a su altura.

 

Él se encontraba a un lado, casi escondido tras el grueso cortinado.

Cuando Kyra entro en el salón, Rubius casi perdió el aliento al verla, ella se veía mucho más bella que como la recordaba.

La princesa avanzó a paso firme hasta ubicarse a unos metros de la tarima.

Delfos la siguió de cerca y cuando ella se detuvo el lo hizo, unos metros detrás y arrodillándose fijó la vista en el suelo.

 

Con orgullo el rey indicó –Veo que la armadura fue de tu agrado, hija mía-

Haciendo una reverencia asintió –Así es padre-

- Me alegro pequeña Kyra, porque hay algo más que la complementa y convine que lo mejor sería entregártelo en persona-  indicó  enseñándole una dorada alabarda con finos grabados y piedras preciosas engarzadas.

Depositándola en las manos de Kyra preguntó - ¿Te agrada mi pequeña? -

- ¡Por supuesto!-  exclamó asombrada, regalando una dulce sonrisa al anciano rey.

Este se sintió complacido, pero sabía que ahora se encontraría con la situación difícil.

Kyra no era del tipo de mujer dócil y no había obsequio que pudiese convencerla cuando se negaba a hacer lo que se le pedía.

Aún recordaba la última orden que le había impartido –Como ya habrás intuido, eh decidido que estás en edad de comenzar tu entrenamiento y si bien Tatsuo fue quien lo inicio, no lo ha hecho formalmente y tampoco lo concluyó, por lo que…-

 

Con entusiasmo ella lo interrumpió – Usted me entrenará ¿Verdad?

¡Padre, no sabe cuán enaltecida que me siento! ¡Juro que no lo decepcionaré!-  en ese momento ella se sintió tan deleita que olvido el recato, corrió a abrazar a su padre y le besó cariñosamente la mejilla.

Con esas palabras el anciano perdió toda esperanza de que su hija aceptase de inmediato a su tutor.

 

Dando un profundo respiro indicó acomodándola en su regazo –Me temo mi pequeña que no seré yo quien lo haga, sino que ya te he designado un tutor-

- ¡No!-  exclamó y se puso de pie en un salto - ¡Solo aceptare a mi hermano o a usted, como mis tutores! ¡Nadie podría hacerlo mejor y no quiero poseer un mediocre entrenamiento!-

- Hija puedo asegurar que eh elegido al mejor tutor que pueda existir y tu entrenamiento no será mediocre-  alegó intentando conservar la calma.

- ¡No padre!-  la negativa fue rotunda - ¡No aceptare a nadie!-  finalizó cruzando los brazos sobre el pecho con expresión ceñuda y desafiante.

- ¡Kyra, esto no es una sugerencia, sino una orden! ¡Lo quieras o no ya e designado a tu Tutor y deberás aceptarlo!-  Ella entreabrió los labios para soltar una protesta, pero antes de que lo hiciera el rey hablo nuevamente –Quiero presentarte al señor Rubius-  e hizo una seña para que este se acercase.

 

Dispuesto a contrarrestar los ataques que la joven lanzaría en su contra, Rubius camino lentamente hasta ubicarse a un lado del rey con expresión seria.

Para su sorpresa, ella no hablo de inmediato, sin embargo lo escrutinio delicadamente con la mirada, recorriéndolo lentamente de pies a cabeza.

En las dos ocasiones que Kyra había visto a Rubius, jamás le había prestado la mayor atención.

Durante la primera se había encontrado tan consternada, que solo pensó en su hermano y en la segunda se había concentrado en la danza, fijando el resto de su atención en calcular los movimientos, buscando el momento en que se hallase desprevenido para sorprenderlo con su ataque y podría jurar que de no ser por la reacción de su padre, hubiese sido capaz de degollarlo para devolver el honor a su hermano.

 

El vestía una casaca blanca de cuello redondo, abotonada del lado derecho con una pechera ligeramente inclinada hacia ese lado.

La casaca, larga hasta los tobillos, poseía en puños y cuello ribetes dorados, y exhibía un imponente dragón bordado en el frente; por debajo llevaba pantalones al tono y zapatillas de fina tela dorada.

El largo cabello negro se encontraba sujeto por un listón oscuro, a media espalda y sus ojos expresaban una mirada serena, pero triste.

Lo que la llevo a recordar que el día de la batalla, ella los había visto dorados, su expresión y mirada eran fríos casi macabros en aquel entonces. Pero esta vez no se veían igual, sino que ahora eran tan oscuros que le resultaba imposible divisar la pupila. Sus finas cejas, ligeramente arqueadas y la fina nariz, le proporcionaban el marco perfecto al pálido y ligeramente ovalado rostro.

No sabiendo si era a causa de las ropas, se dijo que en esta ocasión parecía más alto y fornido de lo que vagamente recordaba.

 

De pronto, al descubrirse observándolo tan detenidamente, se ruborizó e inmediatamente frunció el seño con enfado.

Inclinando levemente la cabeza él la saludó con tono amistoso – Buenas tardes princesa…-

Ella lo interrumpió –Se quién es usted y con mayor razón mi negativa se refuerza-

- ¡Kyra!-  la regaño el rey.

- Padre no deseo seguir discutiendo, por lo que me retiraré. Que tenga un buen día y una mejor noche-

Este frunció el seño confundido

 

Delfos se puso de pie de inmediato y se apresuro a abrir las puertas.

 

Antes de salir agregó –Agradezco sus obsequios-  haciendo una leve pausa continuó –Pero le serán devueltos de inmediato-  luego se marcho

 

Estallando en cólera el rey se puso de pie.

 

Rubius intento tranquilizarlo –Dejadla señor, estoy seguro que recapacitará-

El rey soltó una carcajada - ¡Se ve Rubius que no conoces el carácter de esa joven! ¡Siempre lo he dicho, hombre debió nacer y hubiese sido el más poderoso general! ¡Pero juro que así sea lo último que haga, esta vez hará lo que se le ordene!-  sin decir una palabra más, fue tras ella.

 

La discusión, fue presenciada solo por Delfos, quien se hallaba de rodillas a un lado y fue tan extensa y acalorada que al terminar ninguno de los dos supo quien había ganado la batalla final.

 

Antes de retirarse el rey indico en tono tajante - ¡A primera hora de la mañana tu tutor te estará esperando en el patio de armas!-

Ella no tuvo oportunidad de refutar, dado que el padre cerró la puerta tras de sí. Enfadada tomo asiento en la cama, con los brazos cruzados sobre el pecho, refunfuñando.

 

Delfos intentó serenarla, pero fue inútil y casi lo echó del cuarto, cuando hizo la más mínima mención a favor de su padre.

El realmente no estaba contento con la situación, adoraba a la princesa y cualquier cosa que la hiciera molestar, lo hacían sentir su mismo pesar. Pero en contraparte se debía para con su señor, por lo que nada se permitiría decir en contradicción.

 

Al caer la noche Tiamat la visitó, ella era una mujer de imponente figura, más alta que cualquier otra mujer del reino y tanto o más corpulenta que un intrépido guerrero.

La mujer se ocupaba de cuidar y defender las tierras de su padre.

Manteniéndolo al resguardo del constante ataque de los demonios y recordando estos a quienes debían adorar para mantener la paz.

 

Kyra saltó de alegría al ver a Tiamat quien debido a sus responsabilidades, hacía años no la visitaba.

Al verla no se sorprendió, ella no había cambiado absolutamente en nada, aún llevaba el rojizo cabello, cortado a la altura del mentón y sus verdes ojos tenían esa mirada dura, típica de su personalidad. Pero su pupila se encontraba contraída, tanto que apenas parecía una mancha del iris.

 

Esto se debía a causa de que la guerrera solo se permitía divagar por las noches, momento en que los demonios solían despertar para cometer sus crímenes y atrocidades. Por lo con el tiempo sus ojos se habían acostumbrado a la oscuridad y eran tremendamente sensibles a luz, así fuese artificial.

 

Apagando algunas de las lámparas de aceite, Tiamat se acomodo tomando asiento en un blanco diván que se ubicaba frente a la cama y dijo esbozando una gran sonrisa - ¿Cómo has estado? -

- Bien, no sabes cuánto me alegra tu vista. Pero desde ya, te advierto que no lograrás convencerme-  indicó en tono entre amable y enfadado.

- ¿Por qué dices eso? - protesto Tiamat

- Porque estoy segura que te ha enviado vuestro padre, para que intervengas en su favor-  señaló –Llevas años sin visitarme y no creo que sea una coincidencia que hallas elegido el día de hoy para ello-

- ¿Has leído mi mente? - pregunto levantando una ceja –Sabes que está prohibido utilizar tus poderes en palacio-

- No hermana, muy a pesar de mi testarudo carácter, también me baso en la lógica e intuición-

- Tienes razón. Pero al menos deberías reconsiderarlo-  en tono burlón señalo - ¿Por qué no utilizas un poco esa lógica que profesas? -

- No te burles de mi-  se enfado y caminó en torno al balcón.

 

Tiamat la siguió –Vamos Kyra, no es tan malo. Al menos puedes decir que tienes un buen tutor, podría haberte tocado entrenar con Vritra como a mí -

- Creo que en esta ocasión, hubiese preferido a esa serpiente mal humorada, que al tutor que vuestro padre eligió-  viendo de reojo a su hermana preguntó - ¿Ya lo has conocido? -

- Si fue durante el banquete ¿O lo has olvidado?

Además he tenido oportunidad verle y conversar en varias ocasiones, ya que suele divagar por los jardines en las noches-

- ¿Y has sabido la razón por la que no soporto su presencia? -

- Si, también he sabido acerca de ello. Pero allí tienes una razón para aceptarlo, al vencer a Tatsuo él ha demostrado su fuerza -

- No me interesa. ¿Además has pensado en que diría Tatsuo si lo supiera?

Cuando se marchó aun permanecía enfadado, imagino su reacción al saber que estoy entrenando con su peor enemigo-

- Por ello no debes preocuparte, no creo que a Tatsuo le interese.

Cuando él regrese le puedes dar tus excusas, después de todo, fue vuestro padre quien os lo ordenó-  opinó Tiamat.

- De todos modos, no quiero-  protestó Kyra.

- Pareces una niña caprichosa, dadle al menos una chance, si después de un tiempo sigue desagradándote, puedes citar cualquier excusa y vuestro padre lo remplazará. De ese modo también lo estarás complaciendo-

 

Soltando un suspiro Kyra accedió –Es increíble, siempre encuentras la forma de convencerme-  cambiando el tema pidió –Hermana ya que has venido, podrías contarme acerca de tus aventuras.

¿Dime, como son las cosas allí en el otro mundo? ¿Es cierto que los hijo de los hijos son seres inferiores y sin razón? -

Soltando una carcajada, Tiamat negó con la cabeza – ¡Se ve que has estado demasiado tiempo con Tatsuo, solo él puede haber dicho cosa semejante!

Los ellos son similares a nosotros, aunque la mayoría no poseen don o poder especial y los hay de todos los tipos, desde guerreros hasta sabios y no olvides a los hechiceros, los cuales son lejanos descendientes de los antiguos dioses.

Algunos de ellos, suelen ser un tanto adustos, pero son solo un grupo pequeño. Hay otros que rebalsan de bondad, devotos de los dioses, cuidan de sus familias como de sus congéneres-

- Ya veo-  murmuro algo confundida - ¿Y cómo son los demonios? ¿Se parecen a los hijos de los hijos? -

- No, ellos suelen ser criaturas grotescas y deformes, sin otro deseo más que el de destruir todo lo que se encuentre a su paso.

Cada tanto, surge de los infierno alguna criatura de gran poder y allí es cuando debo intervenir. En los otros casos, son los hechiceros los que se encargan. Pero es difícil de predecir cuándo surgirán, por ello me mantengo oculta entre las sombras asechándolos-

- Suenan escalofriantes ¿Y dime te agrada esa vida? -

- Si me agrada o no, es lo de menos, para mí es un orgullo cumplir con esa misión -  señalo Tiamat.

- ¿Si pero no te molesta haber sacrificado tu vista para ello? ¿No extrañas  pasear a la luz del sol, o su calidez y belleza de los cielos? -

- En ocasiones sí, pero siendo mi obligación, no dejo que me desaliente. Tú sabes que vuestro padre colocó su entera confianza en mí.

Además debo ser un ejemplo, dado que soy la primera dragona en convertirse en guerrera-  dijo caminando hacia el balcón.

- Entiendo-  musitó Kyra y se quedo viendo con admiración a su hermana, era increíble para ella lo devota de su padre que Tiamat era.

 

Apoyando los brazos sobre el barandal Tiamat recorrió el jardín con la vista.

Kyra llevó su atención a la extraña arma que su hermana portaba en la mano y preguntó - ¿Qué es eso? -

Tiamat levanto una ceja con desconcierto, luego se miró la mano y rió – ¡Oh, cierto! Casi había olvidado que lo llevaba puesto. Es un Katar- 

El arma era del tipo puñal de mano, de gruesa hoja casi tan ancha como su puño y se empuñaba por medio de una agarradera que quedaba oculta en la palma de la mano.

La hoja, exhibía un fino dragón tallado, que en los ojos llevaba engarzados dos bellos diamantes.

El filo se lo veía perfecto, como si este no hubiese sido utilizado jamás, pero la empuñadura mostraba claras marcas de tener mucho uso –Es mi arma predilecta, ya sabes, además de los cuchillos y dagas.

Me la obsequió Uruloki, pero solo hace un tiempo que me decidí a usarla-

Kyra guardo silencio por un momento, casi apenada de haber preguntado, el semblante de Tiamat se había ensombrecido.

- Lo siento yo no quise...-  comenzó a disculpase.

- No tienes porque-  la interrumpió –Eso sucedió hace mucho tiempo-

 

Uruloki, su esposo, había muerto en combate hacía ya muchos años. Y desde aquel entonces, ella había ocupado su lugar convirtiéndose en una guerrera. Pero Kyra sabía que la simple mención, entristecía a la mujer, quien lo había, muy a pesar de su orgulloso carácter, amado por demás.

 

Soltando un suspiro, Tiamat se despidió –Bien creo que te dejaré para que puedas descansar. Recuerda que a primera hora, Rubius te estará esperando en el patio de armas. Mañana en la noche me contaras como te fue-

 

Kyra asintió luego que su hermana se marchó, se preparó para descansar. Pero por mucho que lo intento no pudo conciliar el sueño, su mente divagaba imaginando lo que podría suceder al día siguiente.

 

En medio de la madrugada se levanto y vistió. Delfos dormía sentado en un sillón en la antesala, esto le causo gracia, él solía hacer eso cuando se encontraba preocupado por ella y el enfado de la tarde lo había afectado.

 

Sin hacer el mínimo ruido, entre abrió la puerta. Al otro lado los guardias se encontraban distraídos.

Utilizando un hechizo que Delfos le había enseñado, los hizo caer en un profundo sueño, así ella se encontraría libre de salir sin ser vista.

Al llegar al patio, cruzó a toda prisa y trepo por el rosal hasta el techo, caminando por este saltó al jardín que comunicaba con el camino a la torre dorada.

Desde allí no tuvo inconvenientes, dado que era un sector prohibido para todos, ni siquiera había soldados montando guardia.

Al llegar a la base, la escaló hasta la única ventana que poseía.

 

La habitación estaba cuidadosamente decorada, en el centro y sobre la pared opuesta a la ventana, había una enorme cama con dosel.

Sobre el lado derecho se ubicaba un refinado diván de oro, con almohadones rosados y a los pies de la cama reposaba un gran cofre. Casi en un susurró llamó – ¿Nagha estás aquí? - no obtuvo respuesta, nuevamente reiteró su llamado.

 

El grueso cortinado color carmín, que separaba la habitación de la antesala, se abrió y una mujer de menuda figura apareció, sus vestimentas eran delicadas.

Sobre el cabello llevaba un largo velo blanco, sujeto por una serie de broches en forma de flores, por debajo vestía un delicado caftán en tonos rojizos y rosados, ceñido en la cintura por un corsé metálico con engarces en diamantes y rubíes.

Una fina gargantilla con una gran flor en el centro adornaba su cuello, en sus pies y manos llevaba una notable cantidad de anillos con hermosos trabajos de orfebrería y bellas piedras, su calzado eran unas sandalias, formadas por lazos de oro.

El pálido rostro era delicadamente bello, con grandes y bien delineados ojos verdes, los cuales tenían un brillo enigmático casi hechizante y su pupila ligeramente ovalada, era tan pequeña que parecía una mancha del iris.

Por debajo del velo asomaba el rojizo cabello rizado y un delicado y bien cortado flequillo cubría la frente casi hasta las cejas.

 

Ella le sonrió dulcemente –Si pequeña, aquí estoy ¿A qué debo tu visita? - 

- Hace tiempo que no vengo y deseaba saber cómo has estado-  indicó tomando asiento.

- Se podría decir que bien ¿Y tú? -

- Bien, aunque aún no he conseguido reconciliarme con mi hermano-

- Pronto lo harás-  señalo Nagha mientras caminaba hacia el diván –En diez lunas el regresará y traerá no muy buenas noticias, con esto me refiero a tu persona.-

- ¿Qué quieres decir? -

- Que no te agradara saber lo que él tendrá por decir-  indicó en tono calmo. Esbozando una leve sonrisa opinó –Pero esa no es la razón de tu visita y dado que te has arriesgado por demás, al venir aquí, dime que es lo que te aqueja-

 

Kyra medito por un instante las palabras de Nagha, luego asintió –Es cierto.

La razón es que mi padre me ha designado un tutor y temo que mi hermano se enfade al saberlo, porque...-

- Fue quien lo venció-

- Así es-  asintió

- Bien, no veo el problema, si es por Tatsuo, no creo debas preocuparte; ya que cuando regrese ni siquiera se fijará en ello-  opinó.

- ¿Cómo puedes asegurarlo? - protesto Kyra.

- Yo sé lo que digo pequeña, pero sin embargo se que no es Tatsuo o su  opinión lo que te preocupa-

Sonrojándose Kyra confesó - No se siquiera por que lo intento, a ti nada se te puede ocultar. ¿Cómo lo haces? A pesar de estar confinada a esta torre, la cual anula tus poderes, aún así lo sabes todo-

- No pequeña en eso te equivocas, yo solo sé lo que se me permite saber y no es un poder, sino una maldición. Pues mi alma divaga entre los tiempos y solo parte de lo que ve queda en mi conciencia al despertar.

Pues al parecer, el manto del destino es muy complejo y por mucho que lo intente jamás sabré finalmente lo que sucederá y aunque lo sepa me resulta imposible de modificar.

A decir verdad, en ocasiones me pregunto ¿Si nada dijese o supiera al respecto? ¿Se sucederían del mismo modo los hechos? - soltando una alegre carcajada la bella mujer opinó - ¿Es una pregunta muy compleja verdad? Creo que a los antiguos les encantaría debatir al respecto.

Bien pero no es momento de filosofar, el dorado amanecer se acerca y no creo que tus guardias duerman demasiado.

Puedo casi asegurarte que él no es lo que crees y tampoco es el hombre con el que tu padre te comprometerá.

Me temo mi pequeña, que tu tutor dista mucho del ser al que te entregaran.

Pero no tremas, tu padre te aprecia en demasía y solo buscara que todo sea lo mejor para ti, es por ello que te ordenó entrenar.

Hazlo con todo tu empeño, porque te será de mucha utilidad.

Ahora dime ¿Cual es el nombre de tu tutor? Porque aunque yo pueda saber que él es una gran persona y un poderoso ser, no consigo descubrir quién es, siento como si lo conociera ¿Pertenece él al clan? -

Kyra negó con la cabeza –No, su nombre es Rubius, el llego a palacio hace diez años....- comenzó a explicar, sin prestar mucha atención a la mujer.

 

Mientras hablaba, camino en torno a la ventana para verificar que nadie estuviese en los alrededores.

 

Pero Nagha no pudo oír más que su nombre y en ese momento el rostro palideció, las manos comenzaron a temblarle y debió asirse a su asiento para no caer.

Casi en un murmullo pregunto - ¿Cómo has dicho se llama? -

- Rubius-  musitó Kyra sin voltear.

- No es posible, el...es quien tu padre ha elegido-  tartamudeo en una mezcla de miedo y sorpresa.

- Eso es lo que te he dicho-  protestó Kyra y se asomó a la ventana, luego preguntó - ¿Hay algo más que deba saber? -

- No-  murmuró ensimismada.

- Bien, pronto volveré, Adiós-  se despidió y comenzó salir por la ventana, asiéndose de las rocas que conformaban la torre.

 

De pronto Nagha reaccionó, se puso de pie y asomando su rostro por la ventana advirtió - ¡Ten cuidado pequeña, la caída puede ser más vergonzosa que dolorosa!-  pero ella no la oyó. Una fuerte descarga la azotó contra el muro opuesto a la ventana.

La torre entera era su prisión, por lo que no podía siquiera asomarse sin ser atacada.

Lentamente se puso de pie y camino hasta un viejo arcón que yacía  escondido bajo su cama, de allí tomo un hermoso broche en forma de rosa y lo apretó en su mano murmurando con pena - Rubius ¿Por el creador, qué pretendes de él Ryo? -

 

 

Capitulo 3

 

- ..."Ten cuidado las intenciones pueden ser engañosas...” -

 

Nuevamente Rubius despertó sobresaltado, la voz esta vez sonaba con suma claridad, casi en un grito exclamó - ¡¿Dónde estás?! ¡¿Por qué me torturas de este modo?! ¿Qué te he hecho yo? - pero como de costumbre no obtuvo respuesta, molesto consigo mismo se secó el sudor frío de la frente y salió de la cama vistiéndose.

Ya no deseaba continuar durmiendo, lo que había comenzado como un extraño sueño se había convertido en una constante pesadilla, su mente ya no estaba clara. Esa mujer se había convertido en una obsesión, de una forma u otra debía hallarla y así descubrir la razón por la que podía oírla en sueños.

 

Al salir de la habitación se dirigió a los jardines centrales, pensando que una caminata nocturna lo liberaría y el aire fresco le aclararía la mente. Al llegar al parque de los jazmines, pudo ver a Tiamat oculta entre las sombras.

Parada en cuclillas, sobre una alta rama de un viejo roble, tenía las manos juntas sobre las rodillas y la mirada estaba fija en el cielo, cubierto por un luminoso manto de estrellas.

El corto cabello rubio rojizo se mecía suave, al compás de la brisa nocturna y la vista ciega estaba concentrada en el cielo, como si sus ojos pudiesen ver más allá de las estrellas y la oscuridad de la noche.

De no ser por el brillo de su Katar, él jamás la hubiese notado, pero sin intención de molestarla continuo caminando, fingiendo no haberla visto. Pero ella lo detuvo - Rubius, estaba esperándote…-  de un salto bajó de la rama, cayendo de pie a pocos metros de él.

Rubius la saludó con un leve asentimiento de cabeza.

Antes de que él pronunciase palabra la mujer lo ataco y tras algunos golpes bien esquivados y la clara demostración de no querer combatir ella se detuvo.

-¿Por qué no me has regresado los ataques?-

-Por que no tiene sentido pelear, si no es necesario, pues al hacerlo solo te estaría revelando una posible forma de vencerme- señalo.

-Cuentas con sabiduría, pero ello no te hace más hábil, ni menos despreciable. Puedo sentir la creciente oscuridad en tu interior, no puedes engañar con una falsa sonrisa a quien no ve con los ojos-

-No espero agradar a nadie y con respecto a ello, nunca pretendí engañar a nadie- refutó.

Soltando una carcajada indicó -A decir verdad, no me interesa qué o quién eres, ni de donde provienes y menos si los antiguos te han enviado.

He oído que mi padre ha depositado su entera confianza en ti, pasando por alto incluso la opinión de sus propios hijos.

Sé también que te ha encomendado entrenes a Kyra y veles por su seguridad.

Lo cual no es una tarea fácil de realizar, dado que ella es tan obstinada como orgullosa. Por lo que he de advertirte que si le causas el más mínimo daño, será conmigo con quien te las verás.

Recuerda bien, que puedo no ser tan hábil o poderosa como tú, pero si más persistente y traicionera.

Tu perteneces a la oscuridad y esos son mis dominios, solo recuerda que si le causas algún daño juro que allí estaré asechándote y lo que te habrá de suceder no tendrás tiempo de asimilarlo-  sin decir más de un salto retornó a su apartado y oscuro lugar, fijando nuevamente la vista en cielo.

 

Riendo para sus adentros meneo la cabeza y decidió no refutarle, no era momento de agregar un nuevo enemigo entre los dragones.

Ya casi estaba por presentarse el alba y se disponía a retornar a sus aposentos, cuando noto una figura asomar desde la ventana perteneciente a la torre dorada.

Sin darse cuenta había penetrado en una de las zonas que le habían sido prohibida.

Preocupado por que pudiese ser un espía del clan Gen, se dirigió al lugar, pero no pudo verle bien sino hasta que salió de entre los arbustos y rosales que formaban el espeso laberinto.

 

Al llegar a la base de la torre pudo identificar al intruso, que en realidad no lo era. 

Llevando la mano a la frente se froto la sien y suspiro preguntándose que se proponía ahora esa rebelde jovencita.

La intrusa era nada más ni nada menos que su aprendiz, la pequeña testaruda, como la había bautizado para sí.

Con asombro y admiración la observo escalar hábilmente los muros de la torre, pero cuando Kyra se encontraba a medio camino de descenso, resbalo y cayó sin poder aferrarse a nada.

Moviéndose a una increíble velocidad Rubius saltó, a tiempo de recibirla, evitándole la caída.

 

Ni bien Kyra resbaló apretó los ojos y recién los abrió cuando su salvador toco el suelo, al verlo no pudo emitir sonido, tan solo se quedó con la boca entreabierta y los ojos desorbitados de sorpresa.

En ese momento lo que menos interesaba era lo vergonzoso de la caída, sino el hecho de haber sido vista saliendo de la torre y sobre todo por alguien que tenía tanta cercanía con su padre.

De haber sido un soldado, le ordenaría guardar el secreto - ¿Pero como conseguiría que él lo hiciera? -

 

Esbozando una sonrisa amable, Rubius consultó - ¿Se encuentra bien? Espero no se haya hecho daño- tras su silencio cuestionó - ¿Que estaba haciendo, pudo haberse lastimado? - y por un largo instante se quedo viendo la  tierna y asustada expresión en esos bellos ojos de amatista.

 

Sonrojándose, musitó en tono bajo - Estoy bien-  y posando la vista en los brazos que la aferraban con firmeza, sugirió en tono seco –Ya no me caeré, puede bajarme ¿No le parece? -

Rubius levantó una ceja con desconcierto, más que aliviada por ser salvada, parecía enfada.

Depositándola en el suelo señalo –Lo siento, pero creí prudente evitarle el dolor de la caída-

Enfundándose en su abrigo Kyra comenzó a decir - Le suplico...-  y se interrumpió, en ese momento las palabras de su hermano retornaron a su mente como si fuesen truenos "Jamás debes suplicar" frunciendo el seño pensó la forma en que afrontaría la situación y lo primero que se le ocurrió fue intentar voltearla a su favor.

 

Viéndolo con expresión sería lo instó - ¿Que se supone hace usted aquí? ¿Acaso no sabe que esta es una zona prohibida? -

El la vio de reojo, en un segundo pudo descubrir el ardid - Supongo que lo mismo que usted ¿Ahora me puede explicar que es lo que hace aquí? -

- Yo...yo...yo solo estaba paseando y…-  ella hizo una pausa, su tono de voz sonaba nervioso, enfadándose al ver que la situación se había volteado en su contra exclamó - ¡A usted que le importa! ¡Este palacio me pertenece y estoy en todo el derecho de divagar por donde se me dé la gana!

Ahora y con su permiso me retiro - sin decir más y con paso apretado se regreso a sus aposentos.

 

Rubius la siguió de cerca y antes de que entrase en el ala este, señaló - Recuerde que la espero al alba, en el patio de armas -

Kyra se detuvo por un instante, pensó en decir algo, pero sabía que eso también podría voltearse en su contra, apretando los puños con enfado continuó su caminata.

Él soltó una carcajada, realmente era increíble, aún no podía creer lo bien que ella había hallado la forma, de evadir toda pregunta.

 

Al llegar a sus habitaciones, los guardias  aún dormían, sigilosamente entro, pero para su sorpresa Delfos estaba despierto y caminaba nerviosamente de un lado a otro en la antesala.

- ¿Princesa, donde se había metido? La he buscado por todo el palacio-

Dejando sobre el sillón su abrigó, dijo en tono indiferente - Fui con Nagha-

- ¡¿Pero por qué se marchó sin mi?! ¿No sabe cuán preocupado me hallaba?-

-Delfos no seas molesto, no me sucedió nada, además no necesito que todo el tiempo estés detrás de mí, ya no soy una niña-

- Pero pudo haberle ocurrido algo ¿Como he de saberlo? - protesto el Elfo.

- ¡Basta! ¡No estoy de humor!-  lo regaño tomando asiento

Apenado consultó - ¿Que ocurre, ya no le he de ser útil? ¿Dígame que eh hecho para que ya no me desee como su guardián? -

Soltando un suspiro ella lo vio con mirada comprensiva, después de todo Delfos había estado a su lado desde que tenía uso de razón y era lógico que se preocupase - No es eso Delfos, perdóname. Es solo que no quise despertarte, además sabes que no puedes entrar en los jardines de la torre dorada-

- Entiendo, pero también debe comprender mi preocupación. Imagine si alguien la descubriera. No solo sería castigado por no haberla detenido, sino que usted sería seriamente reprendida.

Aunque no le agrade debe dejar de visitar a la señora Nagha y no es mi seguridad la que preocupa sino la suya-

- ¡Delfos, eso está fuera de discusión! ¡Yo jamás abandonaría a Nagha! ¿Cómo puedes hablar de ese modo? ¿Acaso no vez lo triste que es su vida? Ella se haya confinada, quien sabe porque, a vivir en ese lugar aislada de todo lo que le rodea.

Sufre por un pesar que nadie recuerda, acusada de un pecado que pago hace ya mucho tiempo y con creces. Tanto que ya nadie recuerda cuando ni porque.

Sé que mi padre fue misericordioso al alojarla en su palacio, pero la vida que lleva en esa torre no es tal, y yo solo intento apaciguar ese tormento con mis visitas.

Además no olvides que fuiste tú quien me habló de ella, por lo que ahora no puedes culparme.

Al dejar de visitarla, estaría siendo tan cruel o más que aquellos quienes en su momento le voltearon la espalda.

¡No puedo permitírmelo!

Ella me aprecia como si fuese su hija y no tiene a nadie más-

Soltando un suspiro Delfos asintió - Es cierto princesa, disculpadme por siquiera mencionarlo.

Realmente es una pena lo que debe sufrir tan bella criatura como Nagha. Aunque vagamente recuerdo su rostro, fui quien la acompaño hasta la entrada de la torre dorada-

Poniéndose de pie Kyra se dirigió al interior de la habitación - Me recostaré por un rato-

 

Al despertar, era casi medio día, sobresaltada salió de la cama.

En la antesala Delfos caminaba de un lado a otro con marcado nerviosismo.

Ella llamó de inmediato a sus esclavas para que la ayudasen a vestirse y salió protestando mientras una de ellas le peinaba el cabello - ¡Delfos como no me has despertado!-

- Princesa, solo el creador sabe que lo intente mil veces y me resulto imposible-

Kyra, en la noche, no había podido conciliar el sueño y nada había descansado; por lo que cuando se recostó con intención de dormitar, se durmió tan profundamente que ni Delfos fue capaz de arrancarla de su sueño.

 

- ¡Esto es una catástrofe!-  opinó - ¡Ahora no solo mi padre se enfadará, sino que mi tutor me creerá perezosa!-

- Estoy seguro que la comprenderá-  indicó Delfos intentando tranquilizarla.

- ¡Tú no sabes lo que dices!-  mascullo.

- Pero usted jamás suele ser perezosa- la excuso

- ¡Pero el Señor Rubius no lo sabe!-  En realidad lo que más preocupaba a Kyra, era lo que había sucedido en la madrugada.

Ella había pensado hablar con él durante el entrenamiento, pero ahora temía que Rubius hubiese ido a hablar con su padre antes de ello.

 

Al salir de las habitaciones, vio a Rubius sentado en el patio interno, junto a la fuente de agua.

El tenía un viejo libro en sus manos y parecía estarlo leyendo con suma atención.

Ella no sabía que decir o hacer, deseaba preguntar pero no se atrevió. Pensando en ir directamente a presentar sus disculpas al rey, pasó sin hacer el más mínimo ruido.

 

Antes de que terminase de cruzar el patio, él la detuvo - Veo que ya ha despertado-  dijo sin quitar la vista de su lectura.

- Si…no… yo…-  balbuceo.

- Aunque no me parece correcto, debo recordarle que a partir de ahora deberá obedecer lo que se le pida y lo primero es acudir a primera hora del alba a su entrenamiento-  indicó en tono serio pero respetuoso.

- ¡Por supuesto que no es correcto que usted me imparta una orden!-  refuto ella volteando a verlo con enfado.

- Se equivoca, cuando dije que no me parecía correcto, me refería al hecho de tener que recordarle, señorita Kyra -  dijo él aguantando una carcajada, no le agradaba tener que tomar el papel de tutor serio y exigente, pero sin otra opción lo haría.

Al parecer ella no estaba acostumbrada a recibir órdenes, ni mucho menos a cumplirlas y la única forma de entrenarla correctamente, era si seguía sus lecciones al pie de la letra.

 

Con la vista aún en el libro volteo la página y agregó - Le sugiero que durante las noches descanse debidamente, en lugar de divagar por los jardines, haciendo maniobras peligrosas, como escalar una torre prohibida-

Al oír esto Kyra se tensó, el lo noto y señaló - No tiene porque temer, aún no se lo comunique a su padre.

Creí conveniente acordar con usted que no es necesario informarlo de los pequeños inconvenientes que puedan surgir de su rebeldía incontrolable.

Aunque le recomiendo no repetir esas travesías o me veré obligado a hacerlo-

- Se lo agradezco-  musito ella.

- Muy bien, dado que ya se encuentra despierta es pertinente recuperar el tiempo perdido -

- Me parece adecuado -  asintió y comenzó a caminar nuevamente.

- ¿A dónde va? - pregunto en tono divertido.

Viéndolo por sobre su hombro respondió - Al patio de armas-

- ¿No le he dicho que debe hacer lo que se le pida? -

Conteniendo la respiración por un instante asintió en silencio y le clavó una mirada desafiante, entre dientes pregunto - ¿Qué debo hacer ahora? -

- No veo lleve con usted la alabarda que su padre le entregó-

- Porque pienso comenzar con las armas que ya he practicado-  indicó en tono triunfal - Las espadas-

- No veo las lleve consigo-

Haciendo un rápido movimiento las tomo de entre los pañuelos que conformaban su falda - Se equivoca, aquí están-

- Muy bien, lo que quiero que haga es lo siguiente - tras pensarlo unos instantes señalo la fuente de cristal - Ve la sima de la fuente -

En el centro se hallaba una hermosa ave, con las alas abiertas y la cabeza apuntando al cielo

–Bien quiero que se pare allí, sobre la cabeza del ave, más precisamente sobre el pico, en puntas de pies, y sosteniendo ambas espadas, extienda los brazos a los lados-

 

Ella levantó una ceja con desconcierto, encogiéndose de hombros camino hasta la fuente y de un salto subió a la sima, allí extendió ambos brazos con las espadas en sus manos - Listo-  casi riendo opinó - Si este es el duro entrenamiento que me proporcionara...-

- Muy bien-  la interrumpió - Ahora se quedará allí el mismo tiempo que lo hizo en la cama- Kyra atisbó a protestar, el negó con la cabeza - En completo silencio-

- Pero...-

- En un solo pie, el otro quiero que lo pose sobre su rodilla-

- ¡Esto es un absurdo!- exclamó.

- ¿Prefiere hable con su padre para que él se lo ordene? - preguntó.

Ella soltó un resoplido de protesta y accedió.

- Le advierto que si se mueve o habla, el tiempo se duplicará con cada palabra-  advirtió. Luego retomo la lectura sentándose en el banco frente a la fuente.

 

Kyra se mantuvo inmóvil como si fuese una estatua, pero su mirada estaba enardecida de furia.

Rubius sabía que la orden era ridícula, pero de algún modo debía domar a la joven fierecilla.

Haciéndola obedecer esa orden, por absurda que fuera, era la mejor forma. Dado que si hubiesen ido al patio de armas ella habría intentado lucirse y él no deseaba ponerla en ridículo frente a nadie.

 

Delfos había oído la conversación y rebalsaba de ira, al ver como estaba siendo tratada la princesa.

Luego de varias horas de verla, allí parada, no pudo soportarlo y más que enfadado irrumpió en el patio enfrentando a Rubius - ¿Que se supone está enseñando a la princesa? - Al no recibir una respuesta lo instigó - ¿Acaso esta burlándose de ella? - volteando hacia Kyra pidió –Princesa, por favor baje de allí  ¿Como permite que le falten el respeto de este modo? -

Ella se mantuvo inmóvil.

– ¡No puedo permitir que se la trate así, iré a hablar con su padre!-  exclamó ya fuera de sí y se dispuso a salir del lugar.

- ¡Detente Delfos!-  ordenó.

 

En ese momento Rubius levanto la vista del libro y negó con la cabeza, soltando un suspiro se dirigió hacia Kyra –Al parecer no comprendió mi advertencia ¿O acaso es una tarea muy difícil de realizar?

Tal vez deba creer que usted no se halla preparada para recibir algún tipo de entrenamiento riguroso, ya que es demasiado débil como para soportarlo-

Ella maldijo para sí, viéndolo con enfado negó con la cabeza –Señor Rubius, en ello se equivoca yo nada tengo de debilidad y se lo puedo demostrar- en torno a Delfos indicó –Te agradecería no vuelvas a intervenir, se me indicó hacer esto y tu o lo que pienses no tienen injerencia-

- ¡Pero esto es ridículo!- protestó él

- ¡Por tu culpa, Delfos, mi tiempo se duplicara! ¡Te agradecería no vuelvas a interrumpir! ¡Lo que tengas que decir, lo dirás en su adecuado momento! Ahora retírate y no vuelvas a molestar-  finalizó en tono tajante y retornando a su posición volvió a guardar silencio.

Kyra, había tomado la absurda orden como un desafío. Estando ahora segura de que su tutor pretendía demostrar que ella era débil e incapaz.

 

Tal y como lo había dicho, Rubius, la hizo quedarse en ese lugar hasta el anochecer.

Finalmente y complacido de que no hubiese emitido una sola queja, se despidió luego de indicarle que ya había cumplido con su penitencia y en la mañana la esperaría para comenzar a entrenar.

 

En la noche ella reprendió seriamente a Delfos por haber intervenido y por la mañana se levanto antes de que las primeras luces comenzaran a aflorar, dirigiéndose directamente al patio de armas.

 

Kyra ya había tomado el asunto como una guerra personal, su tutor, había mostrado sus cartas y ella le demostraría que lo podría sorprender.

Para cuando él llegó, Kyra estaba en el patio y se encontraba practicando.

El la observó en silencio sin que lo notase - La técnica era buena- pensó –Pero tenía sus falencias-

En lugar de utilizar una de las armas para atacar y la otra para defenderse, ella empleaba ambas con el mismo propósito, tomando las empuñaduras hacía adentro, dejaba la mayor parte del tiempo la hoja sobre los antebrazos, lo que reducía su defensa ante un ataque desde el frente y descuidaba mucho la zona baja del vientre, así como la retaguardia.

Pero no podía decirlo abiertamente, sin enfadarla, dado que estaría sugiriendo que su hermano no la había entrenado debidamente. Por lo que prefirió hacérselo ver con sutileza.

Lentamente se acercó, viéndolo de reojo Kyra continuó su práctica.

- Muy bien, veo que tiene un buen dominio y velocidad- la felicito

- Esto es solo un calentamiento- se jactó.

-Siendo así creo que esta lista para comenzar-

Kyra asintió y observo que él, si bien vestía un atuendo de similar confección que la última vez, esta vez era de un verde oscuro y los ribetes de los puños y cuello eran de un amarillo claro.

Algunos soldados entrenaban en un lugar apartado y de reojo los observaban con curiosidad, no era habitual ver a una mujer en ese lugar y menos a la princesa.

 

Ella se paró con ambas espadas dejando las hojas paralelas a sus piernas. Él lo hizo a una distancia no muy lejana, pero no se encontraba armado.

Con aire de superioridad cuestionó – ¿Señor Rubius que pretende al no traer arma alguna? -

El sonrió – No se preocupe por mí, usted ataque sin fijarse en ello -

- Como lo desee - rió triunfante y haciendo una leve reverencia se lazó al ataque.

 

De un salto y en el aire lanzó una de las espadas y la tomó nuevamente haciéndola girar, de modo que esta quedase con la hoja hacia el frente. Pero al caer atacó con la que tenía tomada de modo que la hoja acompañaba el antebrazo en lo que consideró un perfecto ataque a ambas partes del cuerpo, la superior y la inferior. Al quedar frente a él, la espada derecha amenazaba el cuello y la izquierda al vientre.

 

Él lo único que hizo fue esperar el ataque y al verla acercarse adelanto ligeramente la pierna derecha.

- Está muerto- señalo en tono burlón, luego pregunto – ¿Por qué no se cubrió? ¿Acaso fue demasiado rápido mi ataque como para que no lo viera?-

- Se equivoca, no lo hice porque no fue necesario- señaló él.

Ella levantó una ceja con descreimiento - ¿Qué pretende decir? -

- Que su ataque, no fue lo efectivo que usted cree- señaló.

Con enfado lo instó – Bien entonces ¿Dígame que hará, para moverse sin ser herido? -

- Esto - dijo secamente y antes de que ella pudiese reaccionar le dio un fuerte puñetazo en medio del vientre, haciéndola doblarse del dolor.

Inmediatamente se disculpo ayudándola a enderezarse – Lo siento, no medí la fuerza, le pido me disculpe - Realmente se había excedido, olvidando que ella no era tan fuerte como para soportar tamaño golpe.

- Estoy bien - musitó intentando recuperar el aire y se alejó.

 

Reposicionándose tomo ambas espadas del mismo modo, dejándolas a los lados del cuerpo e indico –Ya podemos continuar-

- ¿Está segura? - preguntó un tanto apenado por su brusquedad. De hecho no estaba habituado a luchar contra una mujer.

Ella no respondió, de inmediato se lanzó al ataque, esta vez en la dejo avanzar un poco más, limitándose solo a esquivar las embestidas.

 

No quería desalentarla por lo que por un momento la dejo creer que tenía el control. Finalmente cuando Kyra dejó, por décima vez, descubierta su guardia el decidió que ya había sido suficiente.

 

La princesa estaba segura que no podía fallar, dando un salto atacó desde arriba con la espada derecha y con la izquierda el costado. Para su sorpresa Rubius la esperó sin siquiera dar atisbo de esquivar el ataque, lo que la llevó por un instante a dudar.

Con tan solo dos dedos él detuvo la espada, que atacaba desde arriba y con la otra mano detuvo el embiste de la segunda espada, sujetando la muñeca de Kyra. Inmediatamente ella quedó inmovilizada, pero para empeorar, con la pierna que tenía adelantada barrió las de ella haciéndola caer de espaldas y le quitó ambas armas.

Enfurecida se puso de pie y soltando una gran expulsión de energía lo lanzó por los aires.

Aquello lo tomo desprevenido, pero no fue nada que no pudiese controlar, mediante la levitación se sostuvo en el aire.

Al ver hacia donde ella se encontraba, su imagen le causo gracia.

 

Kyra se veía completamente enfadada y sus mejillas habían tomado un tono rosado a causa de la agitación, los bellos ojos violáceos se habían tornado brillantes y la pupila estaba contraída, el blanco cabello se había soltado y le recaía desordenadamente sobre los hombros.

Empujándolo hacia atrás, se posicionó en guardia desafiándolo a luchar, cuerpo a cuerpo, repitiéndose para sí –No vencerá, no puedo dejarlo vencer-

 

Lentamente Rubius descendió y se quedo por un instante viéndola, riendo indicó en tono bromista –Veo que la fierecilla ha desatado su ira-

Pero en lugar de tomarlo como una broma, ella se ofendió y dando un grito de enfado se lanzó a pelear, él la esquivo y tomándola por la muñeca le giró el brazo sobre la espalda inutilizándola –La ira no es una buena consejera-  señaló.

Con fuerza Kyra clavó su talón sobre el pie de él, logrando que la soltase.

Casi riendo indicó –Eso no es justo-

- ¡En un combate nada lo es!- se excusó, lanzando una patada hacia el bajo vientre.

Rubius le sujeto el pie con ambas manos, pero ella respondió inmediatamente y dio un salto golpeándolo en el mentón con su pierna libre, el se sacudió retrocediendo, realmente eso no lo esperaba.

El combate se prolongó por largos minutos y Kyra demostró ser más hábil en ese tipo de lucha, que con las espadas, aunque no tanto como su tutor.

 

Luego de haberla golpeado, con demasiada fuerza, en tres ocasiones y haberle dicho que ya era suficiente, Rubius se enfadó.

 

Moviéndose a una gran velocidad, de estar a su frente paso a estar detrás y sujetándola de las muñecas le cruzo los brazos en el pecho.

- ¡Suélteme!- exclamó jadeante.

- No hasta que te calmes- indicó en tono amistoso –Ya te he pedido tres veces que te detuvieras y no obedeciste-

- ¡El combate aun no terminó!- alegó forcejeando.

- Si termino, solo mírate estás exhausta-

- ¡Aún puedo pelear!- jadeo sin dejar de retorcerse y forcejear.

Intentando librarse, ella le propino un fuerte mordiscón en el antebrazo, pero él no cedió.

–Deténgase de una vez o me obligara a castigarla-

 

Para ese momento los soldados habían comenzado a rodearlos, curiosos y preocupados los veían con desconcierto.

 

- ¡Le ordeno que me suelte!- gritó ella

Él soltó un brazo y le sujeto el rostro por el mentón obligándola a verlo directamente a los ojos - Debería darse cuenta de sus propias limitaciones y aceptar que no puede ganar ¿Que es lo que pretende, terminar herida, para descubrirlo? - la regaño

 

Kyra se sorprendió, nunca nadie a excepción de su padre o hermano le había levantado la voz, ni mucho menos se le habían aproximado tanto y en esta ocasión prácticamente podía sentir su respiración en el rostro.

Por un instante no supo cómo reaccionar, pero el enfado fue más fuerte que la sorpresa y reacciono propinándole un fuerte bofetón - ¡Le ordeno que me suelte!- exigió en un grito histérico.

 

Un joven soldado perteneciente a la guardia, que custodiaba sus aposentos, se adelanto de inmediato, espada en mano consultando -¿Necesita ayuda princesa? Simplemente ordénelo y todos atacaremos- el resto de los soldados se hallaban listos a colaborar, pues se los veía furibundos al ver la forma en la que la princesa estaba siendo tratada.

 

En ese momento Rubius la soltó y volteo para marcharse, se encontraba furioso.

Kyra ignoró al soldado y corrió tras su tutor, de un salto se le adelantó impidiéndole el paso.

- ¿Qué pretende con esto, armar un escándalo? - preguntó viéndola seriamente

- ¡Demostrarle que no soy débil, puedo enfrentarlo sin problemas y no necesita estarse preocupando si saldré herida o no! ¡Deje de tratarme como si fuera un objeto que pudiese romperse y pelee de una vez!-  Bramó.

- Yo no estoy aquí para combatir con usted, sino para adiestrarla. Si un combate es lo que desea, bien primero siga correctamente su entrenamiento y al final de este se lo daré.

Antes de ello, lo único que conseguirá es salir inútilmente herida y si no puede comprender que no soy su enemigo, ni mucho menos su sirviente, no hay nada que yo pueda hacer.

Así que ya deje de hacer el ridículo, porque lo único que ha demostrado al momento, es ser una gran niña caprichosa-  indicó con enfado.

 

Kyra apretó el puño dispuesta a atacar, pero se contuvo a último momento, sin decir palabra dejó la posición de ataque y tras ver a su alrededor fijo la vista en el suelo.

Todos los presentes la observaban expectantes.

 

Rubius meneo la cabeza en desacuerdo, ella no lamentaba el mal comportamiento sino la vergüenza ante los espectadores – Quiero que medite acerca de lo que le he dicho-  indicó y se marchó.

No bien el se marcho del patio de armas ella se regreso corriendo a sus aposentos, con los ojos llenos de lagrimas.

 

Rubius se dirigió a sus habitaciones, estaba furioso no solo con ella, sino consigo mismo, por no haber manejado adecuadamente la situación.

Kyra era la persona más orgullosa y testaruda que jamás había conocido.

Caminando de un lado a otro se preguntó la forma de ganar su confianza o al menos conseguir su atención.

Por lo que había visto, ella era muy hábil e inteligente, podría convertirse en una magnifica guerrera, sobre todo por su hostil y orgulloso carácter.

Pero su testaruda y caprichosa actitud podrían llevarla a la perdición. Conociendo a Zeros, sabía que más que nunca necesitaría de un formidable entrenamiento.

 

Sin poder hallar una solución, comenzó a preguntarse si no sería mejor hablar con su padre para que buscase un nuevo tutor. Más luego se dijo que no podía hacerlo, ya que debía cumplir con la promesa y solo así obtendría las respuestas que tanto ansiaba.

En ese momento su mente comenzó a divagar intentando desenmarañar sus propias intrigas.

 

En la charla con el rey, este le había revelado que era un descendiente de los dragones oscuros. Por lo que uno de sus progenitores debía de serlo y el otro sería un hijo de los dioses, ahora la pregunta que lo aquejaba era cual de los dos sería su padre ¿El demonio o el ser celestial?

 

Mientras tomaba asiento en un hermoso sillón crema se dijo –De ser mi padre, esa podría ser la razón de mi abandono en el bosque encantado. También cabe la posibilidad de que esto fuese un ardid de mi madre para intentar salvarme - ¿O tal vez de mi padre? - negando con la cabeza opinó –No, ha de haber sido un movimiento desesperado de mi madre- 

Rubius, cientos de veces había intentado imaginar a su madre y siempre lo había hecho como a una dócil y bondadosa criatura, no podía concebirla malvada